Meterse en agua helada justo al terminar de entrenar ha ganado mucha popularidad entre deportistas. Sin embargo, muchos expertos coinciden en que hacerlo inmediatamente después del ejercicio no es beneficioso, y, de hecho, puede llegar a ser contraproducente. Sobre este tema ha hablado recientemente David Céspedes, un médico conocido por divulgar en redes sociales contenidos sobre bienestar, nutrición y salud. En uno de sus últimos vídeos de TikTok, el doctor explica por qué esta práctica no siempre funciona como se cree. Según explica al inicio del vídeo, varios estudios compararon a dos grupos de personas, uno que se daba baños de hielo después de entrenar y otro que no. «El resultado fue claro: los que se metieron en hielo ganaron menos masa muscular» , señala. La explicación está en el efecto del frío sobre el organismo. «El frío inhibe las señales anabólicas que activan la reparación y el crecimiento del músculo», explica el doctor. Es decir, aunque el hielo puede reducir la sensación de dolor o inflamación, también frena los mecanismos que el cuerpo necesita para adaptarse al entrenamiento y ganar músculo. Pero ahí no acaba la cosa. Céspedes advierte de un efecto menos conocido: «En otro estudio se vio que también ganaban más grasa corporal». ¿El motivo? Las personas que se sometían a baños de hielo acababan comiendo más. En concreto, unas 200 kilocalorías adicionales tras entrenar. «El cuerpo baja su temperatura y, para volver a calentarlo, pide más energía, es decir, más comida», resume. Aun así, el doctor lanza un mensaje tranquilizador para quienes no quieren renunciar al agua fría. «Si te gustan los baños de hielo, la ciencia tiene buenas noticias», afirma. Según explica, hacerlo a primera hora de la mañana o esperar unas seis horas después del entrenamiento permite disfrutar de sus beneficios sobre el sistema nervioso y la sensación de recuperación, sin interferir en el crecimiento muscular.