El mundo sufre en este momento «más de 59 conflictos armados , la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial», pero nueve de cada diez españoles se sienten «desinformados» sobre esta realidad. ¿La razón? La mayoría de estos enfrentamientos «están fuera del foco, no interesan ni a medios ni a responsables», según denuncia Manos Unidas . Tanto es así que, según la encuesta que ha realizado esta ONG católica para el desarrollo, el 70% de los españoles no llega ni a aproximarse al número real de conflictos abiertos. «Son conflictos olvidados, pero podríamos pensar también que estamos ante conflictos silenciados, porque no queremos alterar a la opinión pública y preferimos que se quede tranquila en su desconocimiento», ha señalado Fidèle Pogba, autor del informe , en la presentación que ha realizado este miércoles en Madrid. «En el fondo, esta realidad quiere decir que los conflictos no son todos iguales, que las víctimas no son iguales y que la dignidad humana no es igual», ha añadido. Manos Unidas ha presentado esta radiografía de la opinión pública «sobre paz y desarrollo» con motivo de su campaña anual «Declara la guerra al hambre», que ya alcanza su sexagésima séptima edición. La relación entre ambos términos es directa. Según los datos de la organización, actualmente hay unos 673 millones de personas que padecen hambre en el mundo y «la mayoría de ellas, unos 455 millones, viven en territorios afectados por conflictos armados, violencia o graves situaciones de inestabilidad». Un hecho que también perciben los españoles encuestados. Así, el 75% considera que la mala gestión de los recursos y la corrupción de los gobiernos son la principal causa del hambre en el mundo. Además, el 88% entiende que el hambre y la pobreza extrema son el caldo de cultivo para la violencia y los conflictos. Ese mismo porcentaje considera que la violencia estructural mata más que las guerras . «Los que declaran las guerras lo saben bien y utilizan esta violencia estructural dentro de los conflictos. ¿Quién no ha oído hablar del hambre como arma de guerra?», ha explicado Pogba al presentar los datos. «Declarar la guerra al hambre es, por tanto, un imperativo moral», ha explicado en este sentido Cecilia Pilar Gracia, presidenta de la ONG, quien también ha intervenido en la rueda de prensa. «Es un llamamiento a la paz , a la justicia y al desarrollo. Es reclamar alimentos, claro que sí, pero también es clamar por los derechos que, teóricamente, a todos nos amparan: a la educación, a la salud, a la tierra, al agua, a la igualdad. Es, en definitiva, el derecho a tener derechos», ha añadido. Tres testimonios de religiosos que viven en estas zonas tensionadas han completado la presentación de la campaña —que une la petición de donativos con la sensibilización en colegios y parroquias— y tendrán sus momentos culminantes el próximo viernes 6, con el día del ayuno voluntario , y el domingo 8, con la Jornada Mundial y la colecta extraordinaria. Por una parte, el padre Jesús Albeiro Parra, director ejecutivo de la Coordinación Regional del Pacífico Colombiano, ha explicado cómo en esta zona de Sudamérica «los grupos armados ilegales se disputan el control de ríos, caminos y fronteras. Allí donde el Estado no llega con derechos, llegan las armas. Muchas comunidades viven hoy confinadas, sin poder salir a pescar, sembrar o ir al médico por miedo a los combates o a las minas antipersona». Como complemento, la religiosa Sandra Ramos ha explicado que Sierra Leona es un país herido, pero no vencido, en el que la larga guerra civil, las recurrentes epidemias de ébola y la pobreza estructural han llevado al sistema educativo al borde del colapso. Ante ello, y dada la «gran resiliencia» del país, «la educación sigue siendo una de las herramientas más poderosas para reconstruir el país desde dentro». «En medio de este contexto tan complejo, la educación se convierte en una auténtica semilla de paz y esperanza. Educar no es solo enseñar a leer y escribir : es abrir caminos, ofrecer alternativas y romper ciclos de pobreza que se repiten de generación en generación», ha añadido la hermana Ramos, misionera en el país. «Nunca pensamos que en el siglo XXI Siria iba a vivir la guerra . Al contrario, estábamos creciendo económicamente y socialmente. Había muchos turistas que venían a Siria y era un momento encantador. Y, de repente, se presentó la guerra», ha narrado por su parte el hermano Georges Sabe, cofundador de los Maristas Azules, una congregación que trabaja en este país de Oriente Próximo. «La guerra no es sólo bombas que caen, es una realidad cotidiana», ha añadido. «Un joven puede pasar nueve años haciendo su servicio militar obligatorio. ¿Cómo sale un joven con 29 años después de enfrentar la muerte de forma cotidiana ? Un avión es para todos los niños del mundo un medio de transporte; un niño en Siria, cuando oye un avión, se tapa los oídos porque van a bombardear». Pese a que la caída del gobierno de Assad en diciembre de 2024 abrió una nueva etapa en el país, la incertidumbre sigue siendo muy grande. «La crisis continúa siendo severa, con millones de sirios dependiendo de ayuda humanitaria mientras sufren las secuelas de la guerra. Estamos en una fase de transición inestable, una crisis humanitaria profunda y una esperanza de reconstrucción bajo un nuevo liderazgo, aunque la seguridad y el desarrollo siguen siendo una de nuestras grandes preocupaciones», ha especificado el hermano Georges Sabe.