Puebla de la Calzada es un menudo municipio extremeño. Se ubica a algo menos de 40 kilómetros de Badajoz capital y cuenta con una población que no llega a los 6.000 habitantes. Sin embargo, los poblanchinos, que así se les conoce, tienen el honroso privilegio de haber sido, literalmente, la puerta a Europa -y al mundo- para Bad Bunny . Allí, en 2018, el que ahora es uno de los artistas más reconocidos de todo el planeta, ofreció el primer concierto de su gira por Europa. Con entradas disponibles a 15 euros. La historia de cómo Bad Bunny acabó en Puebla de la Calzada suena hoy rocambolesca, si se quiere surrealista, a tenor de la dimensión del personaje, pero se explica tal y como se explican otras grandes historias. Por la tenacidad y el arrojo de un héroe «anónimo» que creyó en una idea y peleó por hacerla realidad, aunque nadie, más que él, lo creyese posible. Con «veintitantos años», como él dice , Juan Ferrer, poblanchino de nacimiento, y con no demasiada experiencia en el mundo de los festivales, se empeñó en promover el evento de música latina más importante que hubiese existido nunca en Extremadura: el todavía recordado Dream Summer. Nada de empezar con migajas. Él quiso pensar en grande. « Hablé con unos amigos y les dije que me apetecía hacer un festival» . Sin más. Y sin menos. Ferrer tomó esa idea y empezó a trabajar para conseguir una fecha del artista que, estaba convencido, iba a explotar tarde o temprano. De hecho, después de un año de conversaciones, logra el compromiso de Bad Bunny. Lo cerró entre enero y febrero y en mayo ya se había convertido en número uno del mundo con `I Like it´. Es una evidencia que no era el artista que es hoy, a las puertas de la Super Bowl y encumbrado en los Grammy, pero ya empezaba a pegar fuerte con su música. Tanto es así que, como admite Ferrer, muchos creyeron que era una especie de «estafa» o de «broma»: «Nadie se lo creía». Entradas desde 15 euros para ver a Bad Bunny en Puebla de la Calzada . Sonaba a locura. Tanto que reconoce que lo pasó «muy mal»: «Hubo un momento que pensé en cancelarlo todo, porque fue muy duro». No era una fecha cualquiera. Bad Bunny abrió su gira por Europa en Puebla de la Calzada. El concierto fue un éxito rotundo. El aforo prácticamente se completó, con algo más de 4.000 personas que no creyeron que estaban ante una broma o estafa. Allí estaba Benito. En carne y hueso. Con una camisa de cuadros abierta, unas gafas llamativas marca de la casa, entre extremeños. Ferrer reconoce que el puertorriqueño no ubicaba Badajoz: «No tenía ni idea de dónde estaba». Aunque, eso sí, como buen profesional, «llegó un día antes». Estuvo conociendo las instalaciones donde iba a ofrecer el concierto, que no eran otras que el modesto campo de fútbol del equipo del pueblo, que milita ahora en Tercera RFEF. Por un momento, había prácticamente las mismas personas viendo a Bad Bunny que habitantes tiene Puebla de la Calzada. Sin embargo, Ferrer cuenta que el artista no desentonó, que mostró «humildad», que fue cercano, con buen trato. De hecho, hay una anécdota que explica bien quién era y cómo se comportó Benito en su aventura por Extremadura: «Se iba para el hotel y me dijo que si tenía 'Play', que quería jugar. Le dije que sí y se la dejé. El caso es que cuando se marchó, mi 'Play' se fue con él. Se la llevó por error. Me puse en contacto con el equipo y me la devolvió rápidamente, incluso me dijeron que me pagarían una si llegaba con algún desperfecto», cuenta entre risas Ferrer. Más allá de la videoconsola, que acabó volviendo a las manos de su dueño, y de las muchas anécdotas que dejó la visita de Bad Bunny a Badajoz, lo que es una evidencia es que marcó la vida de Juan Ferrer. Fue un visionario, también un valiente, y la vida le recompensó. El éxito rotundo del Dream Summer no se quedó en su primera edición. Un año después, en 2019, la capacidad persuasiva del promotor logró convencer a Karol G para ser cabeza de cartel. También en Puebla de la Calzada, por supuesto. Dos ediciones, dos «pelotazos» y dos grandes éxitos. La pandemia frenó el festival, que volvió años más tarde, con una nueva edición de tres días en Talavera la Real con artistas como Eladio Carrión: «Es el festival más grande que ha habido, la gente todavía lo recuerda». La vida ha llevado a Juan Ferrer a vivir a caballo entre Madrid y Puebla de la Calzada. Comparte las semanas entre su tierra, donde empezó todo, y la capital, donde ha desarrollado una importante carrera como promotor de festivales y representante de artistas y famosos de gran relevancia. Sin embargo, cuando se le pregunta cuál es su siguiente paso o con qué sueña, no puede evitar volver al lugar donde empezó todo: «Yo quiero que el Dream vuelva. Y que lo haga en Extremadura, a ser posible en mi pueblo, con artistas muy grandes». Es curioso. Se puede soñar en grande, se puede conseguir lo más grande, pero en ningún sitio se puede soñar más que en aquel donde empezaron los sueños.