Mientras estoy en Doha para Art Basel Qatar (ABQ), caen en mis manos varios artículos de prensa anglosajona que reproducen, casi de manera rutinaria, la interpretación tradicional de feria: ventas estimadas, precios, número de expositores, volumen de negocio, los mejores estands y el tan citado 'fairtigue' (cansacio ferial). A esta mirada limitada se suma un segundo problema: la moralina. Muchos análisis occidentales observan el Golfo apelando a supuestas excepcionalidades políticas co- mo si esos condicionantes no existieran en Londres, Nueva York o París. Ese doble rasero oscurece el diagnóstico y refuerza la idea de que sólo hay un camino legítimo para construir ecosistemas culturales: el occidental. Y así, entre clichés y juicios morales, se obvia lo fundamental. Si dejamos atrás...
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