Microbióloga del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC y pionera de la oceanografía, fue la primera mujer en dirigir una estación científica en la Antártida, donde lideró la base Juan Carlos I. La comunidad científica despide a la doctora Josefina Castellví i Piulachs (Barcelona, 1935), una figura cuya trayectoria define la evolución de la oceanografía y la microbiología marina de las últimas décadas. Vinculada durante toda su vida profesional al Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, Castellví —Pepita para sus colegas— fue la pieza clave en la consolidación de los programas de investigación en latitudes extremas, un ámbito en el que destacó tanto por su rigor académico como por su capacidad de liderazgo logístico. Doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona desde 1969, su carrera dio un giro definitivo en 1984. En aquel año, formó parte del núcleo de investigadores que iniciaron las expediciones al continente blanco, un esfuerzo que cristalizó en la creación de la base científica Juan Carlos I en la Isla Livingston. Tras la retirada por enfermedad de Antoni Ballester, Castellví asumió la dirección de la estación entre 1989 y 1993. Este hecho la convirtió en la primera mujer a nivel internacional en estar al frente de una base antártica, un hito que desempeñó con una eficiencia organizativa reconocida por sus pares internacionales. Su labor en la Antártida trascendió el estudio de las bacterias en condiciones extremas, su especialidad científica. Castellví entendió antes que muchos que la ciencia de vanguardia en entornos hostiles dependía de una simbiosis perfecta entre investigadores y personal técnico. Su impulso fue determinante para profesionalizar la logística marina y para que la Unidad de Tecnología Marina (UTM-CSIC) se convirtiera en el motor que es hoy, garantizando infraestructuras sostenibles y de bajo impacto ambiental en el polo sur. Valentí Sallarès, actual director del ICM-CSIC, ha destacado de ella su coraje para abrir camino en una época en la que el acceso femenino a la investigación de élite era limitado. No obstante, Castellví siempre prefirió que se la valorase por su determinación y su visión humanista de la ciencia. Para compañeras de expedición como Marta Estrada, su legado reside en una « capacidad de trabajo inagotable » y en una gestión modélica que permitió asentar proyectos científicos de largo recorrido. Defensora incansable de la investigación pública, Josefina Castellví se definía como una enamorada de la naturaleza en estado puro. Su fallecimiento deja un vacío en la oceanografía, pero también un marco de trabajo consolidado para las futuras generaciones de científicos polares . Su memoria queda ligada a ese rigor y a esa fascinación por el conocimiento que la llevaron, hace ya cuatro décadas, a los confines del mapa.