Sor Marta no es una monja corriente. Tiene 29 años -sólo el dato de la edad ya es llamativo- y más de 480 mil seguidores combinados en sus redes sociales. Se describe al mismo tiempo como «monja feliz» y «misionera digital». Esta combinación de vocaciones resalta entre otros religiosos influencers cuando se recuerda que esta joven vive en un convento de clausura . Forma parte de la orden benedictina de Sahagún (León) y ya ha terminado su camino de discernimiento. Es una más de la comunidad. Miles de personas han descubierto gracias a sus vídeos que la clausura es compatible con un uso moderado de las redes sociales . De hecho, ella misma se abrió un canal de YouTube el mismo año que entró al convento, en 2014. Con su labor digital ha roto algunos estereotipos sobre la clausura más comentados. Ha mostrado facetas tan íntimas de su día a día como su celda , la televisión que usan para ver las noticias o aquellas tareas que le cuestan más dentro de la rutina. Uno de los puntos que más interesan a sus seguidores es el dinero y la fama . Ambas palabras se comentan con naturalidad dentro de la comunidad de Sor Marta y, así, lo quiere transmitir a su comunidad. «Imaginemos que te va super bien, que ya te va bien, pero super bien, ultra mega bien en las redes sociales y podrías ganar dinero de ello. ¿Aceptarías?» , le pregunta el youtuber Carlos Asenjo-García en una entrevista reciente. «Sí. ¿Por qué no?» , responde ella con naturalidad. Sor Marta entiende en dinero como un recurso para mantener a la comunidad y la fama como un medio de llegar a más gente con el mensaje del Evangelio. Por eso, su uso de estas dos ventajas estaría dedicado de vuelta al convento. «Seguramente se reinvierta en cursos, material de micrófonos, cámaras, etcétera. Y bueno, luego pues parte también iría a la comunidad» , reconoce. «Para empezar entraría en la cuenta de la comunidad», explica. Sor Marta no tiene una cuenta personal en el banco, «no tenemos una cuenta, va todo común» . Y el dinero que ganaría por su contenido en Internet llegaría a este bote común con el que se atiende a todas las hermanas. «Si necesitas algo, tú no tienes dinero», resume el entrevistador con sorpresa. «Creo que es la respuesta más impactante y lo hemos dicho aquí al final. Me parece impactantísimo. O sea, tú no tienes nada de dinero», insiste. Rceordemos que Sor Marta ha hecho los votos de pobreza y obediencia . Se ha comprometido voluntariamente a llevar una vida desapegada de las cosas materiales y a seguir las directrices de su madre superiora. «Tú entras al servicio, a vivir en comunidad y esto es como una familia y yo si necesito alguna cosa me la pido y ya está. Pero claro, no puedes pedirte aquí cualquier cosa, hombre. Claro, todo acorde a la vida», responde. Comenta en su entrevista que cada monasterio es autónomo a la hora de financiar la vida de sus miembros. «No recibe subvenciones del Estado , a no ser que sea para algo de patrimonio, pero no es un pago como recurrente para que pagues tú el agua», corrige. Las hermanas viven de donaciones particulares y del dinero que consiguen recaudar al vender pastas y otras elaboraciones de repostería . Tienen una tienda online, así como la tradicional puerta física en su convento en Sahagún (León).