En una tarde invernal, fría pero luminosa, Toledo puso el broche final a su carnaval con uno de sus actos más simbólicos y esperados: el Entierro de la Sardina. Tras el multitudinario desfile del sábado —que estuvo a punto de suspenderse por las fuertes rachas de viento— el Casco Histórico volvió a llenarse de música, humor y tradición en una despedida que cada año gana en espectáculo. Desde primeras horas de la tarde, turistas y vecinos, muchos con el teléfono móvil en la mano, buscaban el mejor ángulo para inmortalizar una cita que ya forma parte del calendario festivo de la ciudad. El velatorio arrancó puntual, a las cinco y media, con el reparto de pastas y vino dulce. Las colas fueron constantes y no faltaron quienes repetían ni los más avispados que guardaban dulces en los bolsillos para más tarde. Una hora después, como es tradición desde 2008, la Compañía ETR dio inicio al desfile del Entierro de la Sardina, uno de los momentos más esperados del Carnaval toledano. Abría la comitiva la batukada Kekumka, marcando el ritmo festivo que acompañaría al cortejo por las principales calles del Casco. El desfile se transformó en un gran espectáculo de teatro en la calle. La música y la alegría se entrelazaban con los fingidos lamentos de las plañideras, viudas enlutadas que cerraban la procesión entre gritos desgarrados y exageradas muestras de dolor por la inminente quema de la sardina. Un contraste que, lejos de la solemnidad, desataba sonrisas y aplausos entre el público. La charanga de animación 'Asamblea de Majaras' puso banda sonora al recorrido, haciendo cantar y bailar a los asistentes con temas tan coreados como «Marta, Sebas, Guille y los demás», de Amaral. Como en el cuento del flautista de Hamelín, el desfile fue sumando participantes a cada paso, en una celebración que servía también para sacudirse varias semanas marcadas por el tren de borrascas que ha afectado a España. Entre los asistentes se encontraban el concejal de Festejos, J osé Vicente García Toledano, así como otros miembros de la Corporación municipal, como José Carlos Vega, del PSOE, y la concejal de Cultura, Ana Pérez, que acompañaron el cortejo hasta su desenlace. La sardina ardió finalmente entre aplausos, aunque este año no cruzó el río Tajo debido al elevado caudal tras las últimas lluvias. La despedida del carnaval concluyó con el reparto de sardinas para los presentes y un espectáculo de fuegos artificiales que iluminó el cielo de Toledo, cerrando varios días de música, disfraces y convivencia en el corazón de la ciudad. Hasta el año que viene.