España seguía de luto oficial por el accidente de Adamuz cuando la presidenta del Congreso, Francina Armengol, aterrizó hace tres semanas en Azerbaiyán, en lo acabó convirtiéndose en el mayor error diplomático de su carrera hasta el momento. Sin embargo, el enroque de la socialista en que no hizo nada malo al rendir tributo ante un monumento que conmemora la limpieza étnica contra los armenios, no hace más que engordar el coste político de unos actos a los que ni siquiera los socios parlamentarios del PSOE encuentran explicación. El dislate es tan evidente -Armenia y Azerbaiyán aún no tienen cerrado un acuerdo de paz y las Cortes han aprobado varias condenas contra este último- que la portavoz del PP, Ester...
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