La conducción eficiente no solo alivia el bolsillo del consumidor, sino que también prolonga la vida útil del vehículo y reduce las emisiones de CO2. «La eficiencia no es ir más lento, es conducir mejor. Un conductor consciente no solo ahorra dinero, sino que contribuye a una movilidad más segura y sostenible para todos», destaca Xavier Celda Sanchis , Market Manager Taller de Norauto España. Así que, arranque y salida sin prisas. En motores modernos, no es necesario calentar el coche en parado. Se recomienda iniciar la marcha suavemente justo después de arrancar (y esperar unos segundos si es un motor diésel turbo). También hay que evitar frenazos y acelerones bruscos. Mantener una velocidad constante es la forma más eficaz de ahorrar. Si se observa un semáforo en rojo , hay que levantar el pie del acelerador y dejar que el coche ruede con la marcha engranada; el consumo en ese momento es cero. Circula el mayor tiempo posible en las marchas más largas y a bajas revoluciones. En ciudad, siempre que sea posible, utiliza la 4ª o 5ª marcha respetando los límites. Y hay que mantener una distancia de seguridad adecuada que permita actuar ante posibles imprevistos, evitando acelerones y frenazos bruscos. La anticipación es clave para el ahorro. Si se va a estar detenido más de un minuto, como puede ser en un atasco o en una retención en un túnel, se aconseja apagar el motor para evitar el consumo en ralentí. De igual forma, hay que conducir con una presión inferior a la recomendada aumenta la resistencia a la rodadura y el consumo de combustible hasta en un 3%. Si está muy desinflado, el consumo puede dispararse hasta un 7 o 10%. Se recomienda revisar la presión mínima una vez al mes. Asimismo, el sistema de aire acondicionado es uno de los elementos que mayor consumo energético genera en el vehículo, por lo que se recomienda un uso responsable. En conducción por carretera, resulta más eficiente utilizar el aire acondicionado que circular con las ventanillas bajadas, ya que estas alteran la aerodinámica del vehículo y aumentan el consumo de combustible. En el caso de vehículos híbridos y eléctricos, es importante que el sistema de refrigeración funcione para enfriar baterías del coche y evitar sobrecalentamientos. Carga necesaria, no excesiva. Evitar llevar el maletero lleno de objetos innecesarios. El exceso de peso obliga al motor a trabajar más. Además de una planificación inadecuada del viaje puede alargar el trayecto de forma innecesaria. El uso de aplicaciones de tráfico en tiempo real permite anticipar retenciones y evitar atascos, situaciones en las que el consumo de combustible se incrementa de manera significativa. También mantenimiento al día. Un filtro de aire sucio o unas bujías en mal estado impiden que la combustión sea eficiente, aumentando el gasto de combustible de forma silenciosa. Cada fabricante establece un intervalo de mantenimiento diferente y suele recomendarse cada 15.000 o 30.000 km para el filtro de aire. En el caso de las bujías, se aconseja hacerlo cada 30.000 o 45.000 km si son de cobre. En el caso de platino iridio, pueden aguantar un poco más, hasta los 80.000 km. Además de los hábitos de conducción, el estado del vehículo es un factor determinante. Un coche que «recibe ayuda» de su dueño mediante un mantenimiento óptimo puede reducir su consumo de forma drástica: -Vigilar los filtros: Un filtro de aire limpio permite que el motor «respire» mejor, optimizando la mezcla de combustible. -Usar aceite de baja viscosidad: Utilizar el lubricante recomendado por el fabricante reduce la fricción interna del motor, facilitando su movimiento. -Elegir neumáticos de baja resistencia: Al renovar las ruedas, buscar etiquetas con alta eficiencia energética (Clase A o B), diseñadas específicamente para ahorrar carburante. -Revisar el sistema de inyección: Asegurarse de que los inyectores no estén obstruidos garantiza que no se desperdicie ni una gota de combustible en la cámara de combustión.