Un ejército de grúas, camiones, excavadoras, todoterrenos y maquinaria de construcción se mueven como gusanos por la tierra cada vez más plana del antiguo Mad Cool en Madrid y sus tentáculos adyacentes en el interior del Ifema. El antiguo recinto de conciertos de la capital vive a ritmo frenético las obras que en tres meses y medio deben convertirlo en un circuito de Fórmula 1 . Los organizadores de la carrera emplearán a más de 10.250 personas para montar y desmontar la pista. Parece imposible concebir que ese plazo se pueda cumplir, pero a los organizadores, los responsables de obra, los directivos del certamen que acogerá la F1 en Madrid durante los próximos diez años, no se les mueve un pelo. Tranquilidad total. El 30 de mayo estará acabada la pista por donde volarán los fórmulas, aseguran desde la dirección. Ni siquiera la relación de borrascas con nombre impredecible (Leonardo, Marta, Nils, Oriana, Kristin, Joseph, Ingrid, Harry...) que han asolado España y que encharcaron las obras han frenado el avance de las grúas. La entrada principal del Ifema es ahora una torre de columnas de hierro, el esqueleto de los futuros garajes de la F1 , que se utilizarán para otros menesteres cuando no exista F1 el resto del año. El próximo jueves comenzará el proceso de asfaltado de la pista, un paso que según la dirección de Madring «será rápido». Tres capas de alquitrán, aunque la última queda pendiente de una tarea más entre las muchas cuitas burocráticas que ha afrontado la organización. Madring quiere pintar de rojo la pista de 5,4 kilómetros y 22 curvas. Según los organizadores de la carrera madrileña, no hay ninguna norma en el reglamento de la Federación Internacional del Automóvil (FIA) que impida un trazado rojo. El problema es el tramo de la pista que transita por la vía pública, las calles Ribera del Sena, Vía Dublín y Francisco Umbral. Son 1,4 kilómetros de vía pública que están sometidos a las leyes urbanísticas de la capital y que pueden complicar el pigmento rojo que se debería agregar a la última capa de alquitrán, según es deseo de la organización. «Ahora viene la segunda parte del desafío, que es poner en práctica toda esa ingeniería que se ha hecho con la construcción. La pista en ese tramo ya está perfilada y preparándose para la capa de asfalto. Seguramente sea de las partes finales, porque hay que asegurar la maquinaria para asegurar que el extendido de la mezcla y la compactación se hagan de forma correcta», indicó Carlos Jiménez, director de operaciones de Ifema. Si no hay novedades respecto al clima y al avance de la maquinaria, el asfaltado debería estar terminado en Semana Santa. De rojo o de negro, según decreten las gestiones y la burocracia. El presidente de Ifema, José Vicente de los Mozos, informó que ya se han vendido 80.000 entradas para el Gran Premio de España (13 de septiembre). El 40% para aficionados españoles, mientras México y Gran Bretaña son los dos países extranjeros que más billetes han comprado. Entre rotondas de quita y pon y una gasolinera que cerrará la semana del Gran Premio de España porque está en la curva 6, la obra del circuito ha tapado 627 alcantarillas para evitar problemas de juventud como aquella tapa que saltó en el estreno del GP de Las Vegas al paso de Carlos Sainz. «Es un circuito que tiene de todo -apunta Luis García Abad, exmanager de Fernando Alonso y director del circuito madrileño-. Tiene una zona de subida y bajada que a los pilotos les suele gustar. Tiene todos los ingredientes necesarios para que sea una carrera exigente, que obligue a los pilotos a trabajar. Nos extendemos sobre 1.700.000 metros cuadrados, es decir, no cambia el clima casi de milagro». La curva denominada 'Monumental' es la joya de la corona del circuito. Un giro monstruoso de 547 metros con un peralte de inclinación al 24 por ciento que impacta a la vista, aún en fase de construcción, todavía con la arena prensada. «A partir de ahora empezaremos a preguntarnos quién se parece a Madrid -dice García Abad-. Es un circuito urbano porque circula por una calle que no tiene ni portales, ni ventanas, con lo cual es urbano hasta cierto punto. Se desarrolla en una zona específica, y luego discurre abrazando la instalación de Ifema, que no es solamente un capricho, sino que abarata mucho los costes. Es un modelo nuevo, un circuito híbrido».