Cada año, el Miércoles de Ceniza traza en la frente de los fieles una cruz leve y oscura que lo dice todo: «Recuerda que eres polvo». No es una amenaza, sino un recordatorio de que somos mortales, como aquellos generales romanos al que alguien susurraba entre vítores el memento mori que les ponía los pies en la tierra. La Cuaresma comienza así, con una invitación a mirarse por dentro, a despojarse del ruido y a emprender un camino de enmienda. Y en una España exhausta de consignas y sobresaltos, el rito adquiere un inesperado tono político que convendría poner en práctica en Moncloa, donde viven instalados en el titular urgente, en la coreografía del agravio. Se ayuna poco de insultos...
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