De vez en cuando, para redondear una advertencia, el orador de turno exclama con voz severa: «los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla». El auditorio escucha la cita, entiende que está cargada de sentido común y tiende a aplaudirla con entusiasmo. Pero no estoy seguro de que actuar así sea una buena idea. Para empezar, su enunciado original no utilizaba a los pueblos como sujeto ni pretendía comentar acontecimientos sociales o políticos. El autor, un filósofo americano de padres españoles nacido en Madrid en 1863, George Santayana, defendía la tesis de que cuando varios propósitos entran en conflicto, la razón humana debe rechazar los más deseables y elegir el que ayuda a la armonía general del...
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