La Constitución de 1978 se ha convertido en la más longeva de nuestra historia y el Congreso ha conmemorado este hito con una sesión solemne que recuerda la magnitud de aquel consenso. Refrendada masivamente por los españoles en 1978, la Carta Magna ha sustentado el periodo de mayor libertad y estabilidad de nuestra vida contemporánea. Su fuerza radica en la legitimidad de origen y en su carácter integrador. No fue la norma de una parte contra otra, sino el pacto que permitió cerrar fracturas y articular una monarquía parlamentaria bajo el imperio de la ley. Esa es la razón de su duración. El acto, sin embargo, volvió a poner de relieve la deslealtad de quienes impugnan el orden constitucional. La ausencia de separatistas y nacionalistas, y el desdén de los partidos ultras de derecha e izquierda, revelan una preocupante falta de compromiso con el marco común. Frente a ello, Felipe VI recordó que «la mejor manera de conmemorar la Constitución es cumplirla». No hay mejor advertencia. La defensa activa de la legalidad y de la unidad de España no admite ambigüedades.