Le costó un poco el estreno ante Arthur Rinderknech , que peleó todo lo que pudo para ponerle las cosas difíciles, pero Carlos Alcaraz sumó casi un par de horas de buen nivel: compacto, serio, buscando soluciones cuando la efectividad de la derecha no aparecía, para desatascar la falta de rodaje y fluidez. Y le costó también el segundo duelo en el ATP 500 de Doha, obligado a otra jornada de oficio, paciencia y trabajo ante un valiente Valentin Royer . Pero qué duda cabe, el número 1 hace y deshace cuando quiere y como quiere ante rivales de la entidad del francés. Novena victoria consecutiva en este 2026, 151 en su carrera en pista dura. Royer, pupilo durante un tiempo de Janko Tipsarevic, salió con ganas, y aunque cedió su saque en el tercer juego, desplegó sus alas y se volcó al ataque sobre las dudas de Alcaraz, con cierto letargo al inicio del encuentro. Estuvo bravo el 60 del mundo todo el encuentro, potencia para atizar y mandar al murciano hacia atrás y a quien obligó a más puntos y carreras de las previstas. Pero era imposible que mantuviera esa velocidad de pelota y la mayor experiencia de Alcaraz inclinaron el choque hacia su lado con un segundo 'break' en el séptimo juego que confirmó con un turno de saque inapelable para ganar el primer set. El francés, 24 años, sabía que tenía que dejarse todo lo que es para poder doblegar al murciano, que con un par de trucos había deshecho su buena presencia en la primera media hora de partido. Que para eso es el número 1, y una leyenda de este deporte con 22 años. Y apretó en todos los golpes, gritos de esfuerzo en cada ejecución para mandar la pelota hacia el fondo, para presionar a Alcaraz en cada gesto, en cada resto. Así pudo solventar los problemas que le presentaba el murciano cuando le tocaba sacar, y así encontró el 'break' en el tercer juego. Restazo y un toque de suerte porque la pelota rozó la cinta y cayó a centímetros de la red donde Alcaraz no llegó. El número 1 miraba a su palco con gesto contrariado, se sabe mejor, pero esto no es una final, cuesta sacar el nivel más alto, y le aturde la contundencia del rival, que no le deja ponerse en disposición de atacar y corre más de la cuenta siempre a la defensiva y muy lejos de la línea de fondo. Pero sabe el ganador de siete Grand Slams que tiene muchas opciones, aunque sufra, aunque corra de lado a lado, aunque Royer esté disputando el partido de su vida. Levantó otro juego complicado para el 2-4 y soltó un grito con el que expulsó toda la rabia acumulada. Y que advertía a Royer de que seguía allí, sin la fluidez de otros días, a medio gas, pero con mil herramientas para solventar lo que le presentara. Como la derecha cruzada con la que empezó a cimentar la remontada. Como la volea con la que asustaba al francés y alegraba a la grada. Que el marcador estaría 3-5 y con saque de Royer, pero era Alcaraz el que parecía tener el partido en su mano. «¡¡¡¡Vamoooooos!!!!», se desgañitaba de nuevo. Aquí estoy. Aquí sigo. Por detrás todavía en el marcador, pero soy Alcaraz, parecía decirle al Royer con cada intercambio. Porque soltó la derecha para un passing, otra para forzar el error del rival, y otra más para dejarlo clavado, y un 'break' para el 4-5 y saque. Otra cosa, otro partido, el Alcaraz que escapa de las trampas para decepción del rival, que no podía hacerlo mejor. Y aun así... nada. Porque Alcaraz ya se ha cansado de sudar, correr y sufrir. Firma el 5-5 en blanco y el mando es suyo porque la pelota ya va al doble de revoluciones, las suyas. Y asiente, y asiente, y asiente hacia su palco. Ya está, todo controlado. Y una rotura más para pasar del 2-5 al 6-5 y saque. Y fin del encuentro, que Alcaraz ya no suelta ni un solo error más, y a Royer le puede la realidad: ha hecho todo lo que ha podido, pero Alcaraz, ni al cien por cien, es superior. Muy superior sobre todo cuando el día se complica. Con estas, Alcaraz está en cuartos, donde se mide con Karen Khachanov este jueves a partir de las 17.30 horas.