La casualidad, la inercia de la tradición o como prefiera llamarse han llevado a que el día de apertura de la Bodega San Cristóbal este año en el centro de Córdoba sea el mismo en que abrió sus puertas la Taberna San Cristóbal en Ciudad Jardín allá por 1967, el 10 de de febrero. Así lo cuenta Rafael Salcedo , al explicar que ha sido una mera coincidencia, algo no buscado, que los conecta con sus raíces. Junto a su hermano Javier decidió expandir el universo de San Cristóbal a la calle Manuel de Sandoval, número 2. Todo surgió porque «queríamos embarcarnos en un nuevo proyecto y hacer que el legado de la familia se ampliara un poco de manera progresiva y al final vimos que este local podía tener mucho potencial, muy céntrico y que le hacía falta a la zona». Este emblema de la comida cordobesa ha sido muy bien recibido por los vecinos, que ven cómo tienen los platos más populares de San Cristóbal sin tener que acudir a Ciudad Jardín. «La gente está súper contenta y dándonos la enhorabuena y las gracias también». La ambientación acogedora y la estética del negocio son inconfundibles: sigue la línea de la casa con decoración a base de fotografías taurinas , luz cálida, mucha presencia de la madera, por lo que es fácil sentirse a gusto. La barra ocupa un lugar privilegiado para favorecer que la clientela pueda pararse a «pedir una tapita, dos o tres, las que sean necesarias» y contribuir así a que esta costumbre no se pierda. De ahí que tengan una carta de tapas con salmorejo, mazamorra, callos, sangre, riñones en salsa, araña, rabo de toro y miniflamenquín. En el interior cuenta con una quincena de mesas, entre altas y bajas en las que pedir los platos de la carta, «que es un poco más breve que la de Ciudad Jardín, pero manteniendo los platos clásicos, como el salmorejo, las berenjenas, el rabo de toro, los callos y la araña frita». En el apartado de las verduras, el pisto es otra de las estrellas «porque lo hacemos casero desde el principio hasta el final, a la gente le encanta porque lo hacemos con mucho cariño, poquito a poco: cada verdura friéndose de una en una, con la salsita de tomate y con los huevos fritos», detalla Rafael Salcedo. Hay que mencionar los revueltos con verduras y algo de pescado y marisco (con salmón, gambas, bacalao). Si se busca el pescado fresco a diario, está la posibilidad de escoger entre japuta en adobo, calamares, choco, boquerón frito, calamaritos a la plancha y el bacalo con tomate, que «ahora llega una época muy buena para tomarlo» porque es Cuaresma y hasta Semana Santa. Hay una buena variedad de carnes a la brasa tanto de cerdo ibérico como de vaca por la que decidirse. La Bodega San Cristóbal tiene en la carne guisada su especialidad: rabo de toro, carrillada de cerdo, callos, sangre, riñones en salsa al Montilla-Moriles, y la típica carne con tomate siempre siguiendo con mimo las recetas antiguas familiares. El vino de Montilla-Moriles se cuida mucho dentro de la carta de vinos, entre ellos es fijo María del Valle, de Bodegas Gracia, para hacer honor a este nombre de Bodega San Cristóbal que han escogido para rememorar los orígenes de la bodega de su abuelo. Los postres, de preparación casera, varían entre la tarta de queso al horno, el pudin de piñones, el tocino de cielo, la tarta de chocolate con chocolate caliente, y el pastel cordobés, que se mantiene por ser el buque insignia de la ciudad y son muchos los que lo buscan. Dentro de la taberna el trato al cliente se mima y se le ofrece el servicio de un restaurante, con el cambio de platos y cubiertos, y todo muy cuidado. Entre los vinos y la comida se mantiene intacto el sabor que se sigue paladeando desde hace muchas décadas y es lo que la clientela busca, ya sean los parroquianos de cada día, como el resto de clientes locales, nacionales y extranjeros que los visita. Las fotos que visten las paredes de este negocio son imágenes del archivo fotográfico familiar de su abuelo, el fundador, y abundan las de Manolete y El Cordobés. También cuentan con algunas firmadas por diestros como Juan Ortega, Chiquilín y José Luis Moreno porque esta familia tiene mucha afición a la fiesta de los toros. Rafael y Javier Salcedo son los gerentes de este establecimiento, y continúan regentando además la Taberna San Cristóbal situada en la calle Rodolfo Gil, en la que su padre, Rafael Salcedo, sigue siendo parte fundamental de los proyectos y un apoyo que vive con satisfacción esta nueva apertura en el centro urbano.