La historia está ahí. Cuando un equipo juega en el Santiago Bernabéu, se llame Bayern, PSG, Barcelona o Getafe, y llega a los últimos minutos con ventaja en el marcador, acaba embotellado en su área por un Real Madrid que muere delante del portero visitante y que, en bastantes ocasiones, hace posible lo imposible. Ese clásico arreón final en Concha Espina forma parte del escudo del club, pero este Madrid ha involucionado tanto en los dos últimos años que ya no tiene ni orgullo: «No nos han hecho sufrir nada en la segunda mitad», se escuchó tras 0-1 en el vestuario del Getafe. La segunda victoria de la historia del club azulón en el Bernabéu y la primera de Bordalás contra los blancos tras 17 enfrentamientos terminó con el Getafe en el área del Madrid, pasándose la bola como lo hacen dos niños en un parque mientras los abuelos miran sentados desde un banco. Lo hacían a la vez que un sector del Bernabéu gritaba «Florentino, dimisión» , como ya pasó ante el Levante a mediados de enero, en aquel partido de bronca de época. El himno de la Décima silenció esos gritos en un estadio ya medio vacío, hastiada la afición de lo que está viendo esta temporada, más el acumulado de la pasada, la última de Ancelotti. Camina peligrosamente el Madrid hacia su segunda temporada en blanco . Al menos en títulos de talla gruesa. La Intercontinental y la Supercopa de Europa del curso 24-25 no son trofeos que lleven a la gente, ni al equipo, a Cibeles. Y camina con la sensación de que todavía no se ha visto lo peor y que el derrumbe puede ser aún mayor. No es solo la distancia de cuatro puntos en Liga y una eliminatoria de octavos de Champions ante el City que da pavor, sino el cómo puede llegar a perder ambos títulos. «Aquí no se rinde nadie. Esto es el Real Madrid», dijo Arbeloa tras la derrota, tirando de su habitual repertorio de reflexiones grandilocuentes. Los números del salmantino empiezan a ser preocupantes. Cuatro derrotas en doce partidos, todas ante rivales bastante menores : Albacete en Copa, Benfica en Champions, y Osasuna y Rayo en Liga. Números que contrastan con los de Xabi Alonso, que en 28 encuentros en el banquillo del Madrid sumó cinco partidos perdidos. Es evidente que el efecto Arbeloa se ha convertido en gaseosa en menos de dos meses. «No estoy aquí para valorar en qué he mejorado al Madrid», contestó Arbeloa cuando ABC le preguntó sobre qué había aportado al equipo en sus cincuenta días en el banquillo blanco. La respuesta tampoco era muy difícil. Vinicius es mejor futbolista con Arbeloa que con Xabi Alonso , pero a partir de ahí no hay mucho más que contar. Hace un mes este periódico publicó que había un sector del vestuario, y algún despacho, que desconfiaba de la capacidad táctica de Arbeloa, y ante el Getafe volvió a dar razones a ese pensamiento. Otro pandemónium organizativo en la segunda mitad que apenas le dio al Madrid un par de ocasiones de peligro real. No más. Los jugadores no se van de rositas, claro. No dieron el nivel en el último año con Ancelotti, tampoco con Alonso e ídem con Arbeloa. A la alarmante falta de nivel de esta plantilla, seguramente la más pobre del Madrid en la segunda era Florentino, se le une una falta de confianza y de ganas exasperante, en la que sobresalen varios nombres propios. El que más, Dean Huijsen , cuyos treinta minutos ante el Getafe fueron un repertorio de malos pases, pésimos duelos y acciones que incluso rozaban lo esperpéntico. Le ha devorado la camiseta, el Bernabéu y el contexto. Pero no es solo Huijsen. El nivel de Trent, Carvajal, Carreras, Alaba, Camavinga, Mastantuono, Rodrygo o Brahim está ahí. Se ve sin utilizar gafas. A excepción de Courtois y Mbappé, que ha estado jugando tres meses lesionado, y de unos cuantos partidos de Tchouamén y de Valverde, este Madrid no da para más. Y llega a tres semanas decisivas de la temporada con un parte de bajas y de sanciones preocupante que complicará aún más partidos de máximo riesgo. Antes del parón, el Madrid visita Balaídos y recibe al Elche y al Atlético, en un calendario con curvas que puede agrandar la distancia respecto al Barcelona. Y en Champions tiene una eliminatoria contra el City, con la vuelta en el Etihad , que podría dejar al rey de la competición fuera de la Copa de Europa a mediados de marzo, algo que solo ha pasado en estos quince últimos años en dos ocasiones. El peligro de derrumbe total está ahí. Y no es solo el qué, sino el cómo puede darse.