En una secuencia en 'El mago del Kremlin', el protagonista de la película visita una granja de trolls: una oficina repleta de ordenadores en una nave industrial desde la que se expanden mensajes online. El director del chiringuito le explica a nuestro hombre que el objetivo es hacer calar el mensaje favorable allende los mares, trabajar por el relato correcto. El 'mago', casi enfadado, le dice que se equivoca: lo que hay que hacer es «retorcer el cable». Girarlo por ambos lados a la vez. Romperlo. ¿Cómo? Con las mayores idioteces de los dos extremos para enganchar al público. Chistosos, vedettes y tonterías. Esa es la verdadera intoxicación. La idiotización total. Pasa por mantenernos entretenidos con sandeces. Para eso, no...
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