El 10 de marzo de 1966, Beatriz de los Países Bajos y Claus von Amsberg se daban el 'sí, quiero' en Ámsterdam en una boda que, lejos de ser un simple enlace real, terminó marcando un antes y un después en la historia de la monarquía neerlandesa. Lo que hoy se recuerda como una historia de amor sólida comenzó, sin embargo, rodeado de polémica. El pasado alemán del novio, en un país que había sufrido profundamente la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, provocó un fuerte rechazo social y convirtió aquella boda en una de las más controvertidas de la realeza europea del siglo XX. Seis décadas después, el enlace de Beatriz y Claus sigue siendo recordado como el matrimonio que transformó la percepción de un príncipe extranjero y que terminó consolidándose como uno de los pilares de la monarquía de los Países Bajos. La historia entre Beatriz y Claus comenzó en 1964, durante la boda de la Princesa Tatiana de Sayn-Wittgenstein-Berleburg con el Príncipe Mauricio de Hesse. En una de las celebraciones previas al enlace, la heredera al trono neerlandés conoció al diplomático alemán, un joven reservado que trabajaba entonces en el servicio exterior. La relación avanzó rápidamente y en 1965 se anunció su compromiso. Sin embargo, el pasado del novio generó una gran controversia. Como muchos jóvenes de su generación, Claus había sido inscrito en las Juventudes Hitlerianas durante su adolescencia y posteriormente había servido en el ejército alemán durante la guerra. En los Países Bajos, un país que había sufrido duramente la ocupación nazi y donde la Familia Real había tenido que exiliarse en Londres en 1940, la noticia fue recibida con una fuerte oposición pública. La polémica alcanzó su punto máximo el día de la boda. La capital neerlandesa amaneció fuertemente vigilada por más de 5.000 agentes ante el temor de disturbios. Durante el recorrido de la comitiva nupcial entre el Palacio Real y el Ayuntamiento de Ámsterdam, varios manifestantes lanzaron objetos contra el vehículo de los novios, entre ellos botes de humo e incluso bicicletas, uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad. A pesar del clima de tensión, la pareja consiguió completar primero la ceremonia civil en el Ayuntamiento y después la religiosa en la iglesia de Westerkerk, uno de los templos más emblemáticos de la ciudad. Con el paso de los años, Claus von Amsberg logró cambiar completamente la percepción pública que se tenía de él. Su carácter discreto, su inteligencia y su compromiso con causas sociales hicieron que terminara convirtiéndose en uno de los miembros más queridos de la familia real neerlandesa. El Príncipe se implicó especialmente en temas relacionados con la cooperación internacional y el desarrollo, áreas en las que trabajó activamente durante décadas. Su cercanía y su rechazo a los excesos protocolarios le valieron el respeto de muchos ciudadanos. De hecho, cuando Beatriz fue coronada reina en 1980 tras la abdicación de su madre, Juliana de los Países Bajos, la figura de Claus ya era ampliamente valorada por la sociedad neerlandesa. Durante sus más de tres décadas de matrimonio, Beatriz y Claus formaron una familia que acabaría marcando el futuro de la monarquía del país. Tuvieron tres hijos: Guillermo Alejandro de los Países Bajos, actual monarca; Friso de Orange-Nassau, fallecido en 2013 tras un accidente de esquí; y Constantino de los Países Bajos. Finalmente, Claus murió en 2002 tras varios años con problemas de salud. Once años después, en 2013, Beatriz abdicó en favor de su primogénito, poniendo fin a 33 años de reinado. Ese mismo día, la exreina dejó clara la importancia que tuvo su esposo en su vida al afirmar ante su pueblo: «la elección de mi esposo fue mi mejor decisión».