En una de las salas del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, en Madrid, frente a la Santa Catalina de Alejandría de Caravaggio , seis mujeres escuchan con emoción a Jaime de los Santos, vicesecretario de Igualdad del PP, que no viste traje de político, sino de historiador. En la Roma del siglo XVII, explica, Fillide Melandroni era prostituta, pero también musa de Caravaggio. La convirtió en santa sobre este lienzo e incluso la retrató con tanto respeto que en cada pieza dejó visible la lesión que tenía en el dedo anular de su mano izquierda. La Iglesia rechazó enterrarla bajo sepultura cristiana, dice De los Santos, la sociedad también la juzgó... Las chicas observan a Fillide como si algo de su historia les perteneciera y, casi sin pensarlo, una murmura: «Podríamos ser cualquiera de nosotras». Las mujeres que acompañan al diputado del PP son supervivientes de la explotación sexual y forman parte de la unidad móvil de Apramp, asociación fundada en 1984 para rescatar a víctimas del proxenetismo . Este equipo de rescate combina experiencia personal y formación especializada para liberarlas, darles alternativas laborales y reconectarlas con la sociedad. En la semana del Día Internacional de la Mujer, De los Santos, amigo de Apramp, les acercó a historias que las interpelan a través del arte. Un paseo para reconectar con sus cuerpos, sus emociones y con el placer de la libertad. ABC les acompañó. Minutos antes de Fillide, una chica de Latinoamérica se seca las lágrimas oculta bajo su gorra. Tiene delante el díptico de la anunciación de Jan van Eyck: la Virgen lee cuando el Arcángel Gabriel llega para anunciarle que será madre. Parece una escultura y todas se acercan con curiosidad para confirmar que es óleo. «Cuando sales de la explotación, tienes que volver a ser persona, estás rota, tienes que aprender a sentir y confiar en que la humanidad todavía tiene arreglo, vienes de estar con gente que te usa, maltrata y juzga», dice una mediadora de Rumanía, para explicar la emoción de su compañera, a la que rescató. «Pero fuera hay otro mundo, de gente que te ayuda y de vivir cosas bonitas, y poder estar aquí, volver a emocionarte con los cuadros, te reconcilia con la vida», continúa. De los Santos abraza a Rocío Mora Nieto, directora de Apramp, que le devuelve el gesto con emoción. Las chicas se cuidan como una familia. Él explica que en procesos de «reconciliación con la vida, la mente y el cuerpo», en la cultura siempre encuentra «un lugar para mejorar». Las supervivientes de la trata, que hoy forman parte del equipo de rescate, el corazón de Apramp, se reconocen en esa emoción. Pero el camino para volver a disfrutar ha sido espinoso. «Se me hace un nudo en la garganta —explica una joven de República Dominicana—, es que fue como que hablaba de mí, cuando Jaime nos explicó ese cuadro de Caravaggio, yo miré alrededor por si alguien me estaba mirando, parecía mi historia, me sentí importante». Frente a la 'Ninfa de la Fuente', de Lucas Cranach el Viejo, las seis observan el cuerpo desnudo de la mujer y lo reconocen de una forma que antes de su proceso de recuperación no hubiera sido posible. «Cuando vienes de un mundo donde todo el que mira tu cuerpo lo ve con lujuria y te usa —explica una de ellas—, con esto también entiendes que el desnudo puede ser bonito, que había pintores ya hace años que lo trataban como arte y no como un objeto». Algunas es la primera vez que están en un museo y reflexionan sobre lo relevantes que son estos espacios de cultura y ocio en un proceso de reconciliación con una misma. «Es importante porque sirve también para decir 'mira dónde yo estoy, de dónde vengo y dónde he llegado', lo estoy disfrutando, estoy disfrutando cada palabra, cada información que me dan», considera una joven de Perú. Las seis mujeres reflexionan sobre sus emociones y conectan sus vivencias con las historias de los cuadros. Otra de estas mediadoras se emociona al ver en los cuadros a mujeres leyendo porque, recuerda, después de ser rescatada por esta asociación, empezar a leer fue clave en su recuperación: «Una se relaciona con la obra y cada página es curar una herida». Su compañera, de Nicaragua, responde que ella siente lo mismo cuando lee y escribe poesía, su refugio creativo. De los Santos les explica luego la historia de una muchacha que reposa en la cama de un hotel con un libro sobre las piernas, es un lienzo de Edward Hopper. Ellas sonríen. Son conscientes de que hoy pueden disfrutar de esa misma libertad porque confiaron en Apramp y, ahora, trabajan para que puedan hacerlo también tantas otras mujeres víctimas de palizas, amenazas, violaciones y del aniquilamiento de su dignidad. «No pueden ni leer, ni salir a pasear, nada, están 24 horas encerradas», explica la joven de Rumanía; y su compañera de República Dominicana celebra esa autonomía recuperada: «Por eso no tiene precio levantarte un sábado en tu casa, ponerte canciones súperguays de empoderamiento, hacer planes con tus amigas, tomar un café porque tú quieres, estar aquí y ver todo de lo que te habían apartado». «Pero sin ofrecerles una alternativa laboral, una salida económica, no pueden salir de la prostitución», quiere dejar claro Rocío Mora, directora de la asociación. Durante el paseo por el Thyssen, estuvo acompañada de Rocío Nieto, que además de su madre, es presidenta y fundadora de Apramp. Nieto es pionera en la creación de este modelo para luchar contra la exclavitud sexual. Por ello, crearon el taller de costura de Apramp, uno de los proyectos de inserción laboral y parte de su programa de recuperación. «Después de la protección y la atención psicológica y social, se busca que las supervivientes puedan aprender un oficio y acceder a un empleo digno», explican. En total, son unas 40 mediadoras, de diferentes nacionalidades, que cada día recorren las calles en busca de prostíbulos ocultos en los locales más inimaginables para detectar mujeres que están siendo explotadas sexualmente. «Mi liberación también fue a través del arte, en concreto, de la moda. Pude crear algo bonito con mis propias manos, con amor, por más rota o pisoteada que estaba, que estén estas mujeres, podemos crear algo con amor», explica una de estas mediadoras. Una compañera, apostilla: «Yo pensaba que no valía para nada, pero logré coser y dije, si puedo hacer esto, puedo hacer más cosas». Alternativas laborales y de ocio se convierten así en una herramienta para recuperar la autonomía y la confianza perdidas.