El celo del gobierno de José Luis Sanz a la hora de proteger a los animales que forman parte de la tradición del coche de caballo no sólo se traduce en la modificación de la ordenanza que actualmente regula este servicio, sino que también cuenta con unas recomendaciones de buenas prácticas que se redactaron a finales del pasado noviembre por el responsable municipal en la materia. Así, el edil popular de Espacio Público, Consumo, Cementerio y Protección Animal, José Lugo, firmó un manual que, en términos generales, busca mantener el bienestar de los équidos durante la prestación de su actividad por las calles de Sevilla, especialmente en los episodios de altas temperaturas que se producen en los meses de verano. En el caso de las instalaciones, el documento recomienda que las cuadras no sean menores de 3x3 metros, con iluminación y ventilación, y cuenten con camas blandas y limpias. En sus paradas, es «imprescindible» que haya espacios de sombra, acceso a agua y un suelo llano. Además, y en caso de que permanezcan detenidos más de cuatro horas, habría que dar al caballo un aporte energético de alta digestibilidad , como heno o fruta. En cuanto a la alimentación, se recomienda evitar su ingesta en las horas de más calor y que se apueste por productos frescos y de calidad. Un cuidado que también debe exportarse al uso de arneses, de modo que no causen lesiones y que la limpieza de la guarnicionería sea «satisfactoria». Se hace especial hincapié el que el uso del látigo sea «racional y proporcionado» , en aplicar repelentes de insectos y en colocar orejeras en entornos especialmente ruidosos. En cuanto a las condiciones de trabajo, el manual aboga por refrescar a los animales «con baños de agua fresca y duchas». Eso sí, con agua que «no esté demasiado fría» para evitar «un shock térmico» . Además, y ante las posibles quemaduras, se considera la aplicación de un protector solar específico. Se recoge, además, que el caballo no debe permanecer en servicio más de ocho horas al día, que debe tener una pausa de 30 minutos cada dos horas y un día de descanso semanal entre los 4 y los 18 años. Si su edad es superior, «sólo deberían trabajar tres días por semana». El manual insiste también en que las yeguas preñadas a partir de cinco meses no son aptas y que los cascos deben estar limpios y recortados para evitar fisuras o infecciones. Además se aboga por cuidados dentales con revisiones anuales, por la vacunación contra la gripe equina y por controles clínicos a cargo de un veterinario cualificado, tanto físicos como de movimientos. Finalmente, la circular de buenas prácticas informa de las peticiones que ha realizado el presidente de los cocheros de caballos de cara a la mejora de este servicio. Entre ellas están que la edad máxima de los caballos usados sea de 20 años, que no se suban más de cinco personas en el pescante del carruaje, no bañar al caballo con mangueras, la obligación de utilizar los repelentes, el uso de guarnición de cuero o la prohibición de cambiar al animal de coche de caballo sin refresco. Por su parte, el presidente del colegio de veterinaria apunta ideas como exigir un contrato de recogida de estiércol y purines, más puntos de sombras y agua, mangueras para eliminar purines, un tacógrafo en animales , solicitar un certificado oficial veterinario anual de idoneidad, así como la inspección de arneses y el uso de dodotis en los caballos.