Los más desocupados de la farándula política quieren quitar la enseñanza de la religión en la escuela. De la religión católica, la que molesta, porque su único peligro es el amor. ¿Y qué hay de malo en enseñar una religión que manda amar incluso a quienes la persiguen y calumnian? Eso no sucede en el marxismo y otros enseres ideológicos que la historia ha ido arrinconando, porque no venían marcados con el peligro del amor. Demasiado fáciles de cumplir. El encanto de Jesucristo reside en que su precepto fundamental es de imposible cumplimiento. Y por eso nos seduce, porque nos pide lo imposible y nos ofrece lo inimaginable. Una religión que me impone como hermanos a Conde-Pumpido y a Grande-Marlaska...
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