Hace años que nombres como semaglutida o liraglutida han dejado de ser términos exclusivos de los congresos de endocrinología para convertirse en fenómenos globales . Estos fármacos, que imitan a la hormona GLP-1 , han transformado el tratamiento de la obesidad y la diabetes, pero bajo su éxito clínico subyacía una pregunta sin respuesta clara: ¿actúan de la misma forma en el cerebro de un hombre que en el de una mujer? Un estudio publicado hoy en la revista ' Brain Medicine ' revela que la geografía de esta molécula en el sistema nervioso no es, ni mucho menos, uniforme. Y tampoco sus efectos. Investigadores de la Escuela de Medicina Icahn del hospital Mount Sinai, en Nueva York, han diseñado el primer atlas detallado de la expresión de GLP-1 en el cerebro de ratones con resolución de transcripción única. El mapa, que abarca 25 regiones cerebrales distintas, demuestra que la distribución de este péptido varía significativamente según el sexo , especialmente en los circuitos que gobiernan el apetito, la recompensa y las funciones psiquiátricas. «Nos propusimos construir un recurso que el mundo de la medicina necesitaba desde hace mucho tiempo», explica el doctor Mone Zaidi, autor principal del estudio y profesor en el Mount Sinai. Para el investigador, aunque estos fármacos son de los más impactantes de las últimas décadas, «carecíamos de un mapa detallado y específico por sexo de dónde se expresa realmente la GLP-1 en el cerebro» . Este atlas proporciona precisamente esa base. El equipo utilizó una novedosa tecnología denominada RNAscope , capaz de detectar moléculas individuales de ARN mensajero. Gracias a esta sensibilidad, descubrieron que en el llamado «cerebro posterior», el área que regula funciones vitales y el hambre, las densidades de neuronas que expresan GLP-1 eran notablemente superiores en las hembras. En concreto, regiones como el núcleo del tracto solitario, crucial para la supresión del apetito, presentaban una presencia mucho más robusta en el sexo femenino . Este hallazgo clínico tiene una traducción directa en la vida real. Los datos epidemiológicos ya sugerían que las mujeres experimentan una pérdida de peso y una regulación glucémica más potente con estos fármacos que los varones. Según los autores, estas variaciones anatómicas en el cerebro podrían ser el «manual de instrucciones» que explica esa respuesta diferenciada. «Lo que más nos sorprendió no fue solo dónde encontramos la expresión de GLP-1, sino el grado en que el patrón divergía entre hembras y machos en subnúcleos específicos», señala Vitaly Ryu, coautor del experimento. «Varios núcleos mostraron expresión solo en un sexo, lo que abre preguntas totalmente nuevas sobre cómo operan estos circuitos de forma distinta según el género». La investigación también arrojó sorpresas en áreas inesperadas como el bulbo olfatorio. En este caso, los machos mostraron una mayor densidad de GLP-1, lo que podría estar relacionado con la liberación de insulina ante el olor de la comida , un proceso que parece más acentuado en ellos. Además, el estudio detectó la presencia de esta molécula en regiones vinculadas al área tegmental ventral —el centro del placer y la recompensa— solo en las hembras, mientras que en los machos aparecía en el hipotálamo lateral, implicado en el comportamiento motivado. Estas ramificaciones sugieren que el potencial de los análogos de GLP-1 podría ir mucho más allá del control metabólico. «Las implicaciones se extienden a la psiquiatría y la neurología», afirma Zaidi. Dado que se han hallado rastros de esta molécula en regiones vulnerables al alzhéimer , el nuevo atlas servirá para guiar futuras investigaciones sobre cómo estos fármacos podrían proteger contra la neuroinflamación y el deterioro de la memoria de forma personalizada. Aunque el estudio se ha realizado en modelos animales, los científicos subrayan que la expresión de estas neuronas está altamente relacionada entre roedores y primates , lo que otorga un gran peso traslacional a los resultados. El mapa no solo explica por qué la báscula baja a ritmos distintos para ellos y para ellas, sino que sienta las bases para una medicina de precisión donde el tratamiento de la obesidad deje de ser, definitivamente, una talla única para todos.