La escena es conocida. En el monólogo de Gila, un soldado telefonea al enemigo para preguntarle cuándo piensa empezar la guerra. La caricatura del disparate bélico al servicio de la risa. Hoy, vista la relación entre Sánchez y Trump, se tiene la sensación de que la realidad se empeña en competir con aquella parodia. La diferencia entre Sánchez y la mayoría de sus socios europeos es cada vez más evidente: es el único que parece tener la necesidad de llevarle la contraria a Trump en público. Y no porque sea más pacifista ni más de izquierdas que los demás, sino porque ha hecho del eslogan político su principal herramienta. En ese terreno, el presidente español se mueve con la soltura...
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