El cambio climático, la deuda y los desequilibrios macroeconómicos
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Esta triple liga para efectos de la economía actual en nuestros países genera gran preocupación y no sólo para los estados insulares y pequeños como los caribeños, sino incluso a los Estados Unidos de América donde los huracanes y tormentas llegan a territorio continental generando gran destrucción a las infraestructuras, casas y edificios, el sistema eléctrico, etc. por las inundaciones, y perjuicios considerables socio-económicos al paso de los fenómenos hidro-atmosféricos anualmente.
Estos tres desafíos interrelacionados que son: niveles de deuda alto, con ahorros limitados, riesgo climático anuales frecuentes y cuentas macroeconómicas precarias dado las limitaciones presupuestarias obligan a una planificación estricta por los daños que ocasionan.
Estos desafíos a considerarse se deben afrontar dado que la crisis financiera local e internacional provocan la desaceleración del crecimiento (lo estamos viviendo) y los gobiernos de todo el mundo han incrementado el gasto para apuntalar sus sistemas financieros para elevar el gasto de capital proporcionando estímulos fiscales al tiempo que se reducen los ingresos tributarios que se cubren con la deuda pública.
Los sustanciales desequilibrios macroeconómicos si lo vemos a nivel internacional entre el ahorro y la inversión siguen caracterizando la economía mundial. Estos desequilibrios sin duda, hacen peligrar las perspectivas de una recuperación del crecimiento mundial. Los países deudores tratan de contener los déficits en cuenta corriente, pero los acreedores no consiguen impulsar lo suficiente el crecimiento de la demanda interna.
El mundo requiere avanzar hacia una economía con bajas emisiones de carbono. El modelo actual descrito con mucha exactitud en la obra del Papa Francisco encíclica Laudato Si' publicada en 2015, que se enfoca en el cuidado de la "casa común" y la crisis ecológica, está basado en una producción industrial que provoca la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) lo que implicará temperaturas sin precedentes con drásticas consecuencias.
Las emisiones anuales de GEI ascendías en el 2010 alrededor de 47 mil millones de toneladas métricas de equivalente a dióxido de carbono y dada las preocupaciones sobre este tema al 2024 se consiguió una disminución de alrededor de 10 mil en el total de emisiones globales totales de gases de efecto invernadero (GEI) según el Global Carbon Budget (para 2024 alcanzaron un nuevo récord, con 37.400 millones de toneladas de CO2 equivalente provenientes de combustibles fósiles).
Es de crucial importancia comprender la interrelación entre los tres desafíos y si existe problema en uno de ellos será extremadamente costoso, por eso algunas sinergias son vitales. A corto y mediano plazo el precio del carbono (que utiliza Punta Catalina) a través de ese mercado genera ingresos muy necesarios para el país para reducir el déficit público. Permite aprovechar los recursos para ser invertido en otras plantas eléctricas.
A más largo plazo un sistema de energía basado en el carbón reduce las importaciones de combustible basado en combustibles fósiles, lo que redunda positivamente en los saldos comerciales de las importaciones netas de dichos combustibles en cuenta corriente.
El cambio tecnológico necesario para transformar nuestra economía está marchando a buen ritmo con la incorporación de los parques de energía eólica y solares en los últimos años con incentivos adecuados y marcos de políticas a largo plazo se estimula la inversión privada en estas tecnologías reduciendo algunos desequilibrios.
Las pérdidas en la transmisión eléctrica se han convertido en una quinta columna para la economía dominicana. El incremento sustancial de la deuda en unos dos mil millones de dólares acogota la inversión pública y dificulta el crecimiento de la economía.
El uso de los ingresos provenientes de los impuestos ambientales (no tenemos ese renglón) para reducir otras cargas podría compensar en cierta medida, pero tiene sus limitaciones para reducir la deuda pública. Hay que estimular la investigación y desarrollo en esa área.
El papel del FMI para estudiar esta problemática podría ser de interés ya que existe un estrecho vínculo entre los riesgos de gestión y las oportunidades a corto plazo. Por ejemplo, esta institución tiene la capacidad necesaria en la aplicación de medidas tales como:
- Asesoría y respaldo en el diseño de políticas para tratar las fallas del mercado
- Apoyar un programa de políticas que busquen aprovechar la sinergia entre las inversiones verdes y corregir el desequilibrio entre ahorro e inversión.
- Supervisión y gestión de riesgos que aseguren el avance de la matriz energética en torno a los tres desafíos citados (cambio climático, deuda y desequilibrio macroeconómico).
- Ayudar a generar fuentes alternativas de financiamiento para el cambio climático a fin de respaldar la Estrategia Nacional de
Desarrollo (END-2012).
- Colaborar con otras instituciones financieras internacionales y con la ONU para reforzar la cooperación internacional.
El cambio climático está vinculado a fallas del mercado a escala mundial. La estabilidad macroeconómica nuestra depende del manejo del desafío que implica el cambio climático que nos golpea anualmente, la deuda creciente que desequilibra el ejercicio presupuestario y el buen manejo de las principales variables económicas.
El autor es economista.
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