Real Madrid - Betis (5-1): Gonzalo, incienso y mirra
En el descanso del partido contra el Betis, el nuevo Bernabéu mostró su potencia audiovisual, el modo en el que ha llegado ya a los nuevos tiempos. Mientras los jugadores recibían instrucciones o descansaban o hablaban entre ellos, en las pantalla del estadio se llevaba a cabo un concurso de conocimientos sobre el club y después, la cámara iba mostrando a distintos espectadores, poniéndoles gafas navideñas, con el 2026 y deseando feliz año. Es Navidad, son vacaciones escolares y el Madrid iba ganando y, durante muchos minutos jugando bien. El gol, además, lo había metido Gonzalo, el joven delantero de la cantera.
El sueño de Gonzalo
Después, al acabar la segunda parte, cuando fue sustituido, Gonzalo cumplió con el sueño de casi todos los niños, y cada vez más niñas, de casi todo el mundo. Salir del campo, mientras el público se pone de pie y te aplaude con entusiasmo, con cariño o agradecimiento por el placer que les has proporcionado. Gonzalo se fue sin prisa, saboreando un momento que se grabará en su memoria para siempre: es un futbolista que se maneja en el área como muy pocos en la plantilla, paciente, pero atento, que después de su gol en la primera parte, marcó dos más, el hattrick perfecto (cabeza, pierna derecha y pierna izquierda) y cambió la cara (y quién sabe si la dinámica) de Xabi Alonso.
El mismo equipo que cerró el año contra el Sevilla con el Bernabéu mosqueado e indignado, empieza el nuevo, con el público entregado a su delantero y más confiado en que si se quiere, pues se puede. Un Bernabéu reconciliado, feliz de que todos los goles llegasen de sus canteranos. No hay mejor manera de tender puentes entre el público y los suyos, ni mejor manera de llegar a la Supercopa, el torneo que hace solo unos días estaba marcado como una frontera.
Gonzalo fue titular porque Mbappé está lesionado y Endrick se ha marchado a Francia. En vez de Mastantuono, Xabi Alonso apostó por el canterano, con Vinicius al lado y atrás, Bellingham en un lado y Rodrygo en el otro. Un equipo ofensivo, un peligro para el rival si sale bien y un peligro para el propio Real Madrid si se desconectan, se cansan o simplemente pasan de volver a sus labores defensivas.
No sucedió contra el Betis, o no sucedió mucho. El equipo de Pellegrini fue un conjunto triste durante la primera mitad y solamente se animó cuando se vio con tres tantos en contra, ya en la segunda parte.
Primera parte, dominio sin gol
Fue el único momento de zozobra de los de Xabi. En el primer tiempo, empezaron con ánimo, con Rodrygo muy implicado y Vinicius forzando a su marcador una y otra vez. Sin mucha fortuna, pero con insistencia (aún así, el público no ha olvidado y hubo pitos en su cambio). Fue un Madrid más dispuesto que brillante y sin mucho gol. Marcó Gonzalo, pero no hubo excesivas ocasiones, tampoco peligro. Camavinga y Tchouameni mandaban en el centro del campo y Bellingham mostraba signos de mejoría. Fue un Madrid mejor de lo esperado.
Sin rival, el empuje se fue diluyendo. El dominio no fue tan claro en la segunda parte y, sin embargo, fue cuando llegaron los goles. Gonzalo hizo el segundo de categoría, estéticamente hermoso y Asencio remató después otro balón parado de Rodrygo, como en el primer gol del partido. Antes o después, el fútbol vuelve a lo básico: un buen centro desde la banda y un gran rematador.
El caso es que la ventaja durmió al Madrid y espabiló al Betis: marcó uno, dio dos palos y un hormigueo de nervios se expandió por un Bernabéu que no las tiene todas consigo. Hay fantasmas que necesitan tiempo para marcharse. Tiempo o lo que sucedió después: otro gol del nuevo niño bonito del Bernabéu y un último de Fran García. Final feliz. Falta muy poco para que el espectáculo del descanso acaba siendo una Kiss Cam.