La mejor noticia del peor de los poderes
Es una de las cosas más importantes de 2019, creo, aunque haya pasado sin tanto ruido. El inicio de una transformación en el Poder Judicial, sobre todo en la línea del combate a la corrupción y al nepotismo, le da al país un respiro que desde hace años necesitaba.
El reto comienza apenas y es mayúsculo, aunque sí se puede decir que el dedo ya está puesto en el renglón. Lo puso Arturo Zaldívar el 11 de diciembre, durante su primer informe como ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Hacía mucho que no se aceptaba de forma tan directa que, de arriba abajo, hay corrupción en el Poder Judicial. Reconocerlo es ya un paso importante. Abre las cortinas de una de las zonas más oscuras de la República mexicana.
“La corrupción y el nepotismo se alimentan de la impunidad que mucho tiempo los ha acompañado”, dijo Zaldívar. “Que quede claro que esto se acabó. Que no toleraremos a los servidores públicos que anteponen sus intereses personales a los de la justicia. Estamos limpiando la casa y no cejaremos en este compromiso”.
Y por lo que se ve, ya entró con la escoba y el trapeador: “En el rubro de combate a la corrupción, el Consejo de la Judicatura Federal impuso diversas sanciones por responsabilidades administrativas, las cuales han incluido la destitución e inhabilitación del servidor público. Cabe señalar las sanciones en 16 casos relacionados con irregularidades patrimoniales, encubrimiento de casos de nepotismo y la obtención de beneficios de las partes del juicio”.
Nomás de oírlo se crispa uno: Zaldívar señaló en particular la destitución de un juez de Distrito por corrupción, “por haber actuado en contra de constancias y haber incurrido en errores inexcusables en un caso de pederastia”. También de dos magistrados de Circuito destituidos “por notoria ineptitud y graves irregularidades en sus declaraciones patrimoniales”.
De veras, ya era hora, si no es que llegamos demasiado tarde. No se logrará un nuevo sistema penal acusatorio si no se sacude la corrupción. De hecho, tal sistema empieza a dar pasos para atrás porque nadie ha creído que funcionará, precisamente por corrupción; y entonces, en el Poder Legislativo, sospechoso también de lo mismo, le dieron un tiro en la panza decidiendo, cada bancada según sus preocupaciones (o prejuicios), una lista de delitos que mantendrían en prisión preventiva a quien los cometiera.
Y nunca decimos lo suficiente sobre la relación entre democracia y aplicación de la ley. ¿Será por obvia? No lo sé, más bien parece que no entendemos que la democracia nunca funcionará sin un Estado de derecho, sin limitación de poderes, sin justicia electoral, sin obligaciones fiscales y mucho más. La impunidad es garantía de destrucción de instituciones y de descarrilamiento de cualquier intento de transformar las que existen.
Claro, la corrupción y el nepotismo, ni son males exclusivos del Poder Judicial ni son su único mal. También está la pésima formación de jueces y su selección arbitraria. En el informe también se reconoce y se habla de algunos comienzos: “Hemos cambiado el paradigma de la formación de juzgadores y hemos reorientado la carrera judicial...”
Veremos con qué tormentas se enfrenta en 2020.
luis.petersen@milenio.com