Entre las muchas situaciones dolorosas que estamos viviendo en esta pandemia hay una que a mí me impacta sobre las demás: los enfermos muriendo solos y los familiares padeciendo un gran sufrimiento por no poder acompañar y despedirse de sus seres queridos. La urgencia de no exponerse al contagio es tan grande que en general ni siquiera se les deja acercarse a la persona moribunda. Si hubiera trajes de protección para todos y no tanta saturación hospitalaria, quizás podría hacerse de otro modo, pero la realidad es la que es y el acompañamiento presencial no está permitido, excepto al personal sanitario que se desvive por los pacientes. Se produce la angustia ante la impotencia por no poder cuidar y consolar....
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