Es una duda clásica, que se repite en el mundo empresarial, el de la ciencia y el de la creatividad artística: ¿Qué es preferible: un borde que sea un soberbio profesional o alguien encantador que al final resulte un mediocre y apenas aporte? Lo ideal sería combinar los dos valores positivos, porque se puede ser un genio y al tiempo una buena persona y de talante agradable. Pero si no se puede tener todo, casi mejor un cabroncete de aportación sobresaliente, tipo Steve Jobs, a un cordialísimo incompetente (aunque lo peor de todo es cuando se combina maldad con medianía, algo bastante recurrente).
Fernando Simón, referente sanitario español contra el coronavirus, reapareció ayer tras su asueto surfero, seguramente merecido (otra cosa...
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