Una asociación de abueletes que imaginamos bastante sistémica (puesto que se autotitulan «abuelas y abuelos», con sometimiento al lenguaje del régimen) dirige al doctor Sánchez una carta solicitando ayuda ante el coronavirus. La carta, de una ingenuidad conmovedora (como lo sería la carta de Caperucita Roja solicitando ayuda al lobo feroz), contiene pasajes de un humorismo insuperable: «¿Podría usted hacer algo? -lo interpelan, angustiados-. ¡Por favor, presidente, defiéndanos!».
¡Almas de cántaro! ¿Es que no os ha bastado toda la ayuda que hasta el momento os ha prestado? ¿Todavía queréis más? Pues no os preocupéis, queridos abueletes, que el doctor Sánchez ha escuchado vuestras súplicas y ya está aliñando a toda prisa un remedio de rechupete, capaz de derrotar al coronavirus de...
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