«In Morante veritas». Hasta Plinio el Viejo se removía en su tumba con la verdad sin vino del genio de La Puebla del Río. Con el único cinqueño del variado sexteto de Santiago Domecq, el sevillano gritó contra esa milonga de que el arte está reñido con el valor. Se vencía ‘Nubenegra’ y no le perdonó en el primer lance del quite, con Morante a merced del animal, que lo pisoteó y le propinó una paliza. No le importó: muy crecido, regresó a la cara del toro y levantó un colosal monumento a Chicuelo. Bárbaro y torerísimo Morante en cuatro chicuelinas para paladear, con una media preciosista. Y fenomenal la cuadrilla antes de la apertura de obra: hondos los ayudados,...
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