Todos aquellos que tenemos más de cincuenta años hemos sido educados en la cultura del esfuerzo de manera tan eficaz, que esta circunstancia se convirtió en el eje motriz de nuestra generación y de la antecesora, la de nuestros padres. Asimismo, el colchón de la familia en el sentido más amplio formaba parte de nuestra existencia y, una cierta austeridad estructuraba nuestro diario devenir, pues lo que se obtenía, en cualquier campo, estaba relacionado con el trabajo, la perseverancia y la ilusión por llegar a metas finales difíciles y esforzadas. Creíamos en la Razón como dogma identitario y, desde luego, era tal el respeto que se profesaba a la ciencia y al progreso que se cometían no pocos desafueros en...
Ver Más