Bob Dylan se lo pidió para comer. Pero aquel día, el judío de la armónica y la voz catarral, tuvo el día papafrita porque, repitió tres veces el plato de papas. La ternera casi no la tocó. Y la dejó para los amantes de la fiesta. Una vaca en la mili, en Torquemada, sacó del sueño taurino a aquel chaval de 19 años para quien el capitán de la compañía había buscado capote y muleta y una vaca que sería fundamental en su vida. La vaca tenía más pases dados que la protagonista de la película de Berlanga.
Y Mariano, aterido de miedo, con las canillas temblonas, monumento en carne viva a la honesta jindama, se cayó al suelo cuando...
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