Más allá de la lógica preocupación por el incierto devenir de la nueva ola de contagios, de las disquisiciones interesadas sobre el uso e impacto de los fondos europeos y de las ensoñaciones sobre una nueva economía llena de adjetivos voluntaristas, con el cambio de ciclo económico, dos son los temas que este verano dominan las conversaciones de economistas y financieros, la inflación y las cuentas públicas. Dos viejos conocidos con los que nos topamos regularmente en España. Tan regularmente que quizás podríamos decir, como Ortega con el nacionalismo catalán, que solo podemos aspirar a conllevarlos.
Con la inflación hemos intentado de todo. Desde el adanismo de anunciar repetidamente su muerte a dejarnos devorar por ella y arruinar a las clases...
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