El periodismo patrio, en su degradante descenso al abismo, ha hecho gustosa escala y regodeo en el truculento suceso protagonizado por el nieto de Curro Jiménez , a quien nos presentan como un ser adorable, muy unido a su abuelita y amigo de sus amigos al que, inopinadamente, se le cruzaron los cables y le dio por descuartizar en Tailandia a su amante o némesis. En realidad, este deslizamiento moral de la prensa patria hacia la empatía merengosa y lacrimógena con un asesino ensañado es la estación final de un viaje hacia el fondo de la noche iniciado hace ya algún tiempo. Cuenta Castellani que, visitando el Museo de los Horrores de Nuremberg , el dominico Renard le dijo: «La...
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