Es necesario, cada cierto tiempo, volver a sentirte extranjero en casa, guiri en tu ciudad, viajero en Valladolid, para poder ver con ojos lejanos, las cosas del día a día. Para que las torres de las iglesias sean más altas, los parques más verdes, mirar el río como si fuese una novedad hidrográfica que acabaran de inventar. Sorprenderse por las esquinas en las que ya no quedan sorpresas porque las hemos gastado todas de tanto engancharnos en ellas. Mirar como si aún quedasen esculturas por descubrir, edificios por admirar y alguna leyenda de dudoso valor histórico que nos pudiera estremecer como si la hubiese escrito Bécquer antes de ayer. Quedarse escuchando en los 'free tours' de la Plaza Mayor y...
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