Los domingos se han vuelto todos iguales. Y los sábados. El ocio en general. Hemos convertido el asueto en gasto de forma indisoluble. Sin dinero en el móvil, que es el oro de Moscú, no queda nada porque falta imaginación. Las ciudades se han rediseñado en la última década para que, como un taxi, cada varios metros vayan sumando euros. Del parking al vermú, porque tampoco ofrecen más. España, como Europa, se ha convertido en una civilización de terrazas e inspectores de Hacienda. Y a diferencia de Roma o de París, que las sillas por lo menos son de mimbre, en España siguen siendo de Mahou. Los museos los llenan otros, tipos que vienen de lejos a ver lo que...
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