La vida cotidiana se ha vuelto extrañamente plana
frente a la avalancha constante de estímulos que llegan a cada instante. Lo que antes era suficiente para mantenernos activos o motivados ahora parece pequeño,
casi aburrido. Desde notificaciones hasta contenidos digitales de todo tipo, el cerebro se ha acostumbrado a buscar
gratificación inmediata.
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