Cabezas empaladas y exhibidas: el hallazgo arqueológico de La Palma que pasó desapercibido
Un periódico de Santa Cruz de La Palma, "El Iris", publicó en 1881 una noticia que ha pasado casi desapercibida a generaciones de arqueólogos: el hallazgo de una cueva funeraria prehispánica con tres cráneos empalados en astas de pino. ¿Quiénes eran? ¿Enemigos, criminales, héroes quizás? En los 1.200 años de registro [[LINK:TAG|||tag|||633613c059a61a391e0a0b7c|||arqueológico ]]de Canarias previos a la llegada de los conquistadores europeos en el siglo XV no hay nada parecido en el resto de islas, ni se conoce algo similar en los pueblos amazigh del norte de África de los que procedían los antiguos canarios, también los benahoaritas, los primeros habitantes de La Palma. Sin embargo, las cabezas de la montaña de los Bermejales (hoy solo se conservan dos de las tres que se mencionaban en 1881) no son una excepción: en La Palma se han encontrado cinco más con signos de haber sido ensartadas y exhibidas, todas de hombres.
Tampoco parece que se trate de una anécdota en el pasado de La Palma, ya que representan el 11 % de todos los cráneos benahoaritas bien conservados disponibles en los museos (60), aparecieron en cinco yacimientos de distintos lugares de la isla -siempre en contextos funerarios- y abarcan un periodo de seis siglos, del X al XV. La revista "African Archaeological Review" publica este mes un trabajo de los investigadores Javier Velasco (Cabildo de Gran Canaria), Verónica Alberto (Tibicena Arqueología) y Teresa Delgado (El Museo Canario) sobre ese enigma: "Empalados y exhibidos"
Y los indicios no apuntan a que esas cabezas fueran trofeos de guerra u objetos de escarnio de un criminal o un enemigo, prácticas bien conocidas en otras culturas. Los cráneos protagonistas de este estudio se recogieron en intervenciones de finales del siglo XIX y principios del XX y han llamado la atención de los arqueólogos durante un estudio que documenta la violencia en las sociedades aborígenes de Canarias a través de un examen médico forense de los restos óseos conocidos.
Decapitados tras morir
Los autores precisan que no son cabezas que se desprendieran al remover una tumba y que luego alguien colocara sobre una vara. En varios de esos individuos hay pruebas de que fueron decapitados poco después de morir y sus cráneos fueron perforados en su bóveda percutiendo con una piedra o empleando un taladro rudimentario. Pertenecen a hombres que murieron entre los 25 y los 35 años y la mayor parte presenta traumatismos, algunos relacionados con su muerte y otros, anteriores. Tampoco eso los hace especiales, ya que varios estudios arqueológicos recientes han aflorado que un alto porcentaje de los habitantes originarios de Canarias sufrían lesiones violentas.
A los investigadores no les cabe duda de que esos siete casos describen algún tipo de ritual, pero se preguntan cuál. ¿Son criminales o enemigos ensartados en una pica como humillación y aviso para otros? ¿Puede tratarse, acaso, de trofeos de guerra? A su juicio, el texto periodístico de 1881 ofrece el contexto necesario para afinar la interpretación: "Hallamos una abertura o nicho natural y en línea tres cráneos o calaveras introducidas en tres palos delgados de tea toscamente labrados, de unos dos metros de alto. Al pie de cada uno de ellos, los huesos de las piernas y brazos atados con yerbas y cortezas de árbol". "Todo hecho con arte y sumo cuidado", continúa. "A todos nosotros nos llamó la atención la veneración y respeto que los primitivos palmenses tenían a los restos de sus antepasados".
Los primeros ojos que vieron esa cueva funeraria en tiempos contemporáneos no tuvieron ninguna duda: la escena evocaba respeto, no amenaza ni escarmiento. Siglo y medio después, ni siquiera se sabe en cuál de las cuevas de la montaña de los Bermejales estaba ese enterramiento, pero dos de los cráneos se conservan en el Museo Benahoarita de La Palma y el Museo de Arqueología de Tenerife. Y en ellos los arqueólogos han encontrado pruebas que corroboran la descripción de los reporteros de "El Iris".
Un filo metálico apunta a la conquista
En primer lugar, detallan que hay signos de que los cráneos fueron descarnados y limpiados antes de que fueran exhibidos, no ensartados para que se pudrieran al aire en algún tipo de venganza, buscando lanzar un mensaje atemorizante o de exhibición de poder. En segundo, resalta que una de las cabezas, recuperada de un yacimiento de Los Llanos de Aridane, presenta lesiones de un filo metálico cortante, algo que no existía en los pueblos aborígenes de Canarias, que fabricaban sus armas con piedra y madera, por falta de minerales en las islas de los que obtener metales.
Ese hombre, añaden, no fue ajusticiado por los suyos, ni abatido en una guerra intestina, entre benahoaritas. Seguramente cayó en batalla contra algún forastero, y el carbono 14 sitúa su muerte a finales del siglo XV, cuando termina la conquista de La Palma. A juicio de los autores, ese cráneo refuerza la hipótesis de que "las causas y circunstancias de la muerte" de esos individuos y, "muy probablemente, su condición social les habría hecho merecedores de tratamientos especiales en los contextos sepulcrales".
Colocar sus cabezas sobre largas varas en una cueva funeraria, añaden, reforzaba la identidad colectiva en tiempos tan convulsos como los de la Conquista, cuando el mundo aborigen se desmoronaba.