¿Por qué Italia busca voluntarios a los que pagar 400 euros al mes por vivir gratis en los Alpes durante un mes?
Pasar un mes rodeado de montañas, lejos del ruido de las ciudades y con vistas privilegiadas sobre algunos de los paisajes más espectaculares de Europa puede parecer una experiencia turística difícil de rechazar. Sin embargo, detrás de una propuesta que se ha vuelto viral en los últimos días hay mucho más que naturaleza, senderismo y aire puro.
Lo que ha despertado el interés de cientos de personas no es únicamente la posibilidad de vivir gratis en un refugio alpino, sino formar parte de una investigación científica que pretende responder a una pregunta que lleva años intrigando a los especialistas: ¿qué ocurre en el organismo cuando una persona sana vive durante varias semanas a una altitud moderada?
Un experimento que convierte un refugio de montaña en un laboratorio
La iniciativa está impulsada por Eurac Research, un centro de investigación con sede en Bolzano, en el norte de Italia. El proyecto, denominado MAHE (Moderate Altitude Healthy Exposure), se desarrollará en el refugio Nino Corsi, situado en el Parque Nacional del Stelvio, a unos 2.300 metros sobre el nivel del mar.
Durante décadas, gran parte de los estudios sobre la adaptación humana a la altura se han centrado en condiciones extremas, como las que experimentan alpinistas y expedicionarios en cumbres de más de 4.000 metros. Sin embargo, los investigadores consideran que existe un vacío de conocimiento sobre las altitudes intermedias, donde viven o pasan temporadas millones de personas en todo el mundo.
La investigación pretende averiguar cómo reacciona el cuerpo ante una estancia prolongada en ese entorno sin que los participantes modifiquen de forma significativa sus hábitos cotidianos.
¿Por qué pagar a los voluntarios?
Los doce participantes seleccionados recibirán el próximo agosto alojamiento y manutención completos durante la estancia, además de una compensación económica de 400 euros brutos. La cantidad no busca atraer a personas por motivos económicos, sino compensar el tiempo y las incomodidades derivadas de participar en una investigación médica. Los voluntarios deberán someterse a controles periódicos y aceptar que buena parte de su actividad diaria sea monitorizada por los investigadores.
En realidad, el principal atractivo de la propuesta no es el dinero, sino la experiencia. Los participantes podrán teletrabajar, estudiar o continuar con buena parte de sus rutinas habituales mientras viven en un entorno de alta montaña.
La altitud modifica numerosos procesos fisiológicos. A medida que aumenta la altura, disminuye la presión atmosférica y la cantidad de oxígeno disponible. Aunque estos cambios son conocidos, todavía no está claro qué efectos pueden tener cuando la exposición se prolonga durante varias semanas en altitudes moderadas.
Los investigadores analizarán aspectos como la presión arterial, la calidad del sueño, la función respiratoria, el metabolismo de grasas y glucosa, el apetito, la composición corporal, la producción de glóbulos rojos, el rendimiento físico o el bienestar psicológico.
Algunos estudios previos sugieren que vivir temporalmente en zonas de montaña podría estar relacionado con beneficios cardiovasculares y metabólicos. Sin embargo, también existen interrogantes sobre posibles efectos negativos en determinados perfiles de población.
Un perfil muy concreto de participante
Para garantizar resultados fiables, los criterios de selección son estrictos. Los candidatos deben tener entre 18 y 40 años, gozar de buena salud y residir habitualmente por debajo de los 1.500 metros de altitud. Además, quedan excluidas personas fumadoras, deportistas de alto rendimiento, individuos con enfermedades crónicas o quienes sigan determinadas dietas que puedan alterar los resultados.
El objetivo es estudiar cómo responde un organismo sano y relativamente homogéneo cuando se expone durante un tiempo prolongado a unas condiciones ambientales diferentes a las habituales.
El éxito de la convocatoria demuestra que cada vez más personas se sienten atraídas por propuestas que combinan naturaleza, ciencia y bienestar. Las plazas disponibles se cubrieron en muy poco tiempo, reflejando el creciente interés por participar en investigaciones reales fuera de los entornos tradicionales de laboratorio.