Acaba de comenzar la Copa del Mundo 2026 y estoy persuadido de que marcará el comienzo de una crisis que degradará el estatuto de las competiciones de fútbol de todo el planeta, pues la disparatada fórmula de 48 selecciones se presenta como el ensayo del Mundial de 2030, que supuestamente tendrá 64 selecciones. Si a esa barra libre disfrazada de liguilla le sumamos la organización conjunta de tres países no compatibles u homologables entre sí —como México y Estados Unidos en 2026 o España y Marruecos en 2030—, ¿qué puede salir mal? El fútbol y la salud de los deportistas es lo último que le interesa a la FIFA y a las federaciones, porque los horarios de juego se programan...
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