Una vez me metieron una piña que pa' mí se quedó. Cavilando me pusieron. Unos 17 años tendría. Al igual que el señor alcalde de Sevilla, don José Luis, servidor también ha hecho botellón. Y tampoco me dio por romper retrovisores ni quemar contenedores. Pero algo envalentonado imagino que sí iría -más por la edad que por los efectos del DYC Cola- y me llevé la galleta en todo el ojo. De todos los colores se puso aquello. Empezó morado y acabó en un desagradable color amarillento hasta que volvió a su tono habitual. En otra ocasión, siendo ya más talludete, a punto estuve de llevarme otra igual. O peor, porque aquel energúmeno se ajustaba a las mil maravillas a...
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