Durante el Giro que Jonas Vingegaard dominó con mano de hierro, Tadej Pogacar preparaba el duelo entre ambos en el inminente Tour de Francia con una concentración en altitud en Sierra Nevada. Entre paliza y paliza, desde la TV y el móvil veía las exhibiciones de Vingegaard. Cero dramas, calma total. Este martes, en su regreso a la carretera, y en solo su duodécimo día de competición este año, el astro esloveno del UAE Emirates demostró el mundo que separa su nivel del resto y se paseó en solitario para ganar en Sondrio la primera etapa de la Vuelta a Suiza con una ventaja tan considerable que la carrera helvética, banco de pruebas final para el Tour, parece ya sentenciada a su favor. Y ahora es Vingegaard el que, a distancia, observa que Pogacar no ha dejado un cabo suelto antes de lanzarse a por el Tour.
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