Se ha logrado tan perfectamente Nicole Kidman que casi ya no necesita hacer cine para seguir siendo una película ella misma, en cuanto aparece. Hay actrices que interpretan personajes y actrices que ya interpretan su propia estatua. Nicole pertenece a esta recóndita aristocracia . Luego resulta que, en Nicole, siempre hay dos mujeres, o acaso tres, porque las rubias ciertamente complejas nunca se dejan sopesar del todo. Tenemos a la Nicole glacial, de esmalte nórdico, aunque nos venga del otro hemisferio, esa mujer de cuello imposible y distinción de embajada, que habla mucho cuando calla, con una educación tirando a homicida. Y luego está la Nicole de antes, la pelirroja más o menos salvaje , la australiana que todavía anda...
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