El Gobierno de Venezuela militariza e impone fuertes restricciones a la zona cero del terremoto
La policía y el ejército controlan los accesos al Estado de La Guaira, epicentro de la devastación del doble terremoto del miércoles en Venezuela. El Gobierno ha restringido el paso de vehículos después de que la víspera una marea de vehículos particulares colapsara las entradas al Estado, llevando ayuda humanitaria y ante el desesperado llamamiento de ayuda de los afectados. Cientos de policías intentan esta jornada organizar y dar prioridad a los vehículos que van con cargas y equipos de rescate, lo que ha ocasionado un embudo de tráfico en la autopista Caracas-La Guaira.
El presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, ha pedido a la población que no viajen a La Guaira de forma particular para no obstaculizar el traslado de heridos y el despliegue de maquinaria pesada. También ha recordado que quienes quieran ser voluntarios pueden registrarse para hacer el trabajo de manera más organizada. El mismo Rodríguez fue quien anunció el último balance de víctimas: 1.430 muertos y 3.328 heridos.
Tres días después del doble terremoto que sacudió a Venezuela, miles de familias continúan sin poder regresar a sus viviendas, mientras crecen los campamentos improvisados en parques de Caracas y se intensifica la espera por inspecciones técnicas que determinen qué edificios pueden seguir habitados.
En el Parque del Oeste, un cartel verde colgado de un toldo marca el punto de censo para los desplazados de La Guaira. Voluntarios anotan nombres y cédulas de quienes han logrado salir del estado costero, el más golpeado por la tragedia. En apenas dos días, más de mil personas provenientes de esa zona fueron registradas allí.
Entre ellas está Ana Suárez, de 28 años, embarazada de 30 semanas y madre de tres niños, dos de los cuales permanecen con su padre en una zona que ella considera de alto riesgo, sin electricidad ni señal telefónica para confirmar su estado. Perdió su vivienda en Playa Verde y, según contó, también sus documentos.
En el mismo parque, Ender Delgado, de 72 años, llegó desde Tanaguarena junto a un grupo familiar de 14 personas, sin traslado oficial. La convivencia entre quienes llegaron del litoral y otras familias caraqueñas que ya dormían en el parque por daños en sus propias viviendas ha generado tensiones, en un escenario donde el Gobierno aún no ha declarado formalmente la condición de refugiados para los supervivientes de La Guaira.
Al otro lado de la ciudad, en el Parque del Este, otras mil personas, al menos, duermen dentro de vehículos o sobre la grama, en un refugio que se sostiene más por la solidaridad espontánea que por una logística oficial. Residentes de Los Palos Grandes y Chacao optaron por instalarse allí tras ver agrietados sus edificios, sin que medie una evaluación formal. Varios de ellos, como Carla Montilla, que llegó desde El Paraíso con su esposo y su bebé, dicen no atreverse a volver a sus casas hasta que se realice una inspección.
Un patrón similar se repite en Caricuao, donde los edificios no sufrieron daños graves, pero el susto dejó a los vecinos durmiendo en estacionamientos durante varias noches. Setenta y dos horas después de los seísmos, parte de la comunidad seguía alternando entre permanecer en sus apartamentos, vestida y lista para salir corriendo, y resguardarse en las áreas comunes ante la posibilidad de nuevas réplicas.
Y réplicas habrá. El geólogo venezolano Franck Audemard, explicó que, para un terremoto de magnitud 7,5, el decaimiento de la actividad sísmica puede prolongarse entre tres y seis meses, aunque las réplicas previsibles tendrán una magnitud inferior.
El especialista fue enfático al señalar que los colapsos registrados en La Guaira y Caracas no debieron ocurrir con esa magnitud si se hubieran respetado las normas sismorresistentes, y apuntó a posibles fallas en la ejecución de las obras, desde zapatas deficientes a reducción de acero en columnas. Citó los casos de Italia y Turquía, donde terremotos similares dejaron en pie construcciones antiguas mientras edificios modernos colapsaban, escenarios en los que, según dijo, el diagnóstico posterior fue corrupción.
Entretanto, se siguen buscando muertos. En redes sociales se van conociendo grabaciones clandestinas en hospitales de La Guaira donde se acumulan cadáveres bajo sábanas y a la intemperie.
En las morgues de Caracas y La Guaira se han activado protocolos para facilitar la identificación y entrega de cuerpos, según explicó Edgar Hernández, presidente de un grupo funerario caraqueño sumado como voluntario al trabajo de las autoridades en la morgue «Hay personas que por el desespero, han rescatado a su familiar en La Guaira y lo han traído en su carro, aquí vemos carros pequeños, medianos, camionetas, aquí se ha visto de todo, pero no es el deber ser, queremos decirlo así, por las normas sanitarias».
Muchos cadáveres, no obstante, no han podido ser trasladados. Desde el miércoles, vecinos han esperado junto a sus muertos en los aparcamientos de los edificios colapsados de La Guaira hasta que funcionarios policiales pudieran retirarlos. En Catia La Mar, los cadáveres eran trasladados en ambulancias o en camionetas hacia el hospital Alfredo Machado, que llegó a estar colapsado por la cantidad de heridos.
A las afueras de la morgue de Pariata, en La Guaira, decenas de familiares hacían fila para el reconocimiento de cuerpos. Jean Carlos Meléndez relató cómo él mismo sacó de los escombros a una de sus primas en Playa Grande para no perder su rastro entre los cadáveres. Un funcionario policial indicó que, hasta la noche del viernes, se habían recibido poco más de 500 cuerpos en esa morgue, de los cuales solo 102 habían sido retirados por sus familiares.