Últimos milagros bajo las ruinas en Venezuela: «Yo me quedé estática debajo de una viga pidiéndole a Dios"
La ventana de tiempo que los expertos afirman dura 72 horas para encontrar a la mayor cantidad de gente viva se ha cerrado tras los terremotos sufridos en Venezuela el miércoles. Este fin de semana, con el trabajo que realizan los rescatistas llegados de distintos países del mundo, aumentó considerablemente el número de personas rescatadas con vida, aunque los partes oficiales del Gobierno interino de Delcy Rodríguez no han determinado un número tentativo.
«Yo me quedé estática debajo de una viga pidiéndole a Dios, entregada completamente a Dios», cuenta a LA RAZÓN María Hernández, residente del edificio Maury en Chacao, en Caracas, una de las zonas más impactadas en la capital. La estructura no se desplomó, por completo, pero sí colapsaron paredes, dejando a residentes atrapados en el interior.
A María la salvó un vecino que, repuesto del susto, se puso a levantar escombros hasta dar con ella. «Me dijo que no me dejaría sola», relata la mujer de 66 años, que ahora espera saber si su casa es reparable o el edificio está comprometido.
Cerca de allí, colapsó el edificio Don Pepe. 48 horas después, bomberos de la capital pudieron entrar a los escombros a buscar gente viva. Migdalia Carros relata que estaba en el apartamento cuando la estructura se les vino encima. «Nos sacaron por un huequito porque quedamos tapiadas. El proceso desde que llegaron hasta que pudimos salir fue como de dos horas, un milagro porque los bomberos trabajan prácticamente con las uñas, aunque están haciendo un gran trabajo».
El padre de Migdalia no pudo ser rescatado, y tampoco se escuchó que gritara estar vivo. Su cuerpo aún no ha podido ser sacado del derrumbe. «Nos explican que las placas de cada piso son muy grandes y no hay suficientes herramientas para sacarlo», confirma su hija. «Ya él tiene mucho tiempo ahí, y ya sé que me toca reconocer un cadáver». Linda Pérez salió también de esa estructura. Contabiliza que del lugar salieron seis personas con vida, y cuatro más fallecieron.
En La Guaira, la situación es más dramática. Cada vida salvada se celebra con aplausos. Como la de Luciano, un niño de 3 años que fue sacado de los escombros de un edificio en la zona de Caraballeda. Más atrás, su madre Oriana y su padre Jesús. Fueron sacados por acción de voluntarios, sin equipo especializado. «Nos salvó que un mueble hizo de soporte del techo y dejó espacio para respirar».
Los bomberos enviados por Colombia rescataron a Moisés, un niño de 11 años que estaba con vida en uno de los edificios colapsados en La Guaira. Otros vecinos y familiares no contaron con esa suerte. Imágenes similares han distribuido las autoridades de Estados Unidos, de México, de Francia, de El Salvador y de otros países que enviaron misiones de rescate. Esos rescatistas tienen equipos de alta tecnología, como radares que detectan señales de calor o ruidos debajo de las pesadas estructuras. También cámaras térmicas y máquinas que permiten romper paredes con mayor precisión para evitar dañar a quien pueda todavía estar abajo.
Uno de los casos de éxito es el rescate de Belkys Josefina Barreto García, de 60 años, quien permaneció atrapada durante 86 horas bajo los escombros del edificio Breogan, en Caraballeda. Salió con vida tras un trabajo de once horas continuadas para lograrlo, durante las cuales le pudieron dar agua y aliento. Los rescatistas eran salvadoreños y peruanos.
Los Bomberos de Quito ubicaron y rescataron a Marlene, una mujer de 80 años que permaneció atrapada durante más de 60 horas entre los escombros de un inmueble en el sector de Playa Grande de La Guaira. «Nunca dejamos de buscar. Cada maniobra, cada decisión y cada minuto de esfuerzo estuvieron guiados por una misma convicción: mientras exista la posibilidad de encontrar vida, nuestra misión continúa», dijo uno de los rescatistas.
Quizás el Estado que menos comunica las acciones de sus propios rescatistas es, paradójicamente, Venezuela. El Gobierno interino apenas ayer comenzó a mostrar algunos vídeos, varios de ellos protagonizados por civiles haciendo labores de rescate. Por eso, aunque equipos de bomberos fueron protagonistas en los rescates de zonas en Caracas, son los que han tenido menor reconocimiento público, en comparación con los enviados extranjeros.
Y también por eso se siguen dando llamadas de alarma y de orfandad por parte de personas que todavía intentan salvar a familiares en estructuras derruidas. Carlos Gutiérrez sabe dónde están sus familiares en Catia La Mar, los ha escuchado bajo los escombros, pero no tienen cómo rescatarlos. «Estamos, esperando la ayuda, esperando a ver si podemos».
El teniente coronel Oswaldo Guédez, de los bomberos de La Guaira, salió rescatado de su casa «después de 30 horas por mis compañeros. Estoy muy agradecido», aseguró. De inmediato él mismo se sumó a las labores de rescate, también como una manera de atender su dolor. «Lamentablemente mi esposa no corrió la misma suerte, y en estos momentos mis compañeros están recuperando su cuerpo», agregó.
Mariela Uribe, una voluntaria rescatista de Caracas, declaró a LA RAZÓN que las autoridades, de hecho, han sido un obstáculo para el trabajo de quienes quieren ayudar. «Llegan bien limpiecitos a querer dar órdenes. Pónganse los guantes y entren a mover escombros», reclamó.
A las dos de la tarde, el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, informó como balance oficial el registro de 1.450 personas fallecidas, 3.150 heridas y 12.721 damnificadas. Además, un total de 774 edificios resultaron afectados o colapsados. Contabilizó el trabajo de 2.624 rescatistas extranjeros y 137 perros de búsqueda; pero no dijo cuántos venezolanos participan de esas labores.