El cerco judicial no aleja la cita veraniega de Sánchez y Zapatero
La Moncloa no cierra la puerta a que se produzca una nueva reunión estival del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y José Luis Rodríguez Zapatero, pese a que el expresidente atraviesa el momento judicial más complicado de su vida, investigado por ser el presunto líder de un entramado de tráfico de influencias. El entorno de Zapatero tampoco cierra la puerta a que esa cita se pueda producir.
Según ha sabido LA RAZÓN, el presidente del Gobierno no ha notificado a su equipo que se vaya a ver con el expresidente en período estival, como ha hecho en años anteriores. Ambos coincidieron el verano pasado en Lanzarote y se vieron en La Mareta, donde el presidente Sánchez pasó unos días de vacaciones con su familia. Aunque, en caso de que los dos lleguen a verse, en Moncloa circunscriben el posible encuentro a la «agenda privada» del jefe del Ejecutivo. No obstante, algunas fuentes consultadas por este diario apuntan a que Sánchez puede cambiar Lanzarote por otro destino.
Lo cierto es que en política, a veces es tan importante lo que se dice como lo que se evita decir. En ningún momento el entorno del presidente descarta la cita, ni aprovecha el contexto judicial para marcar distancias con quien sigue siendo uno de los principales referentes políticos y personales de Sánchez y del PSOE.
Es más, el presidente del Gobierno ha redoblado en las últimas semanas su apoyo a Zapatero. La posibilidad de que ambos se vean está abierta. Una fuente que conoce bien al expresidente tampoco cierra la puerta, aunque cree que Zapatero no querrá perjudicar al Gobierno con un encuentro que, de trascender, puede caer como una bomba en pleno verano.
Sobre todo, mientras Zapatero siga sin aclarar ante el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama el origen de las joyas valoradas en 1,3 millones de euros que aparecieron en una caja fuerte de su oficina de expresidente. Hoy se cumplen 15 días desde que terminó el plazo que Rodríguez Zapatero se puso para explicar el origen de las alhajas.
Durante las últimas semanas, Sánchez ha redoblado públicamente su defensa del expresidente. El jefe del Ejecutivo ha reivindicado su legado, ha cuestionado el origen de la investigación judicial y ha rechazado cualquier intento de equipararlo con otros dirigentes socialistas salpicados por casos de corrupción.
Moncloa desconoce si habrá encuentro, pero no renuncia a él. Y esa decisión de no cerrar la puerta constituye, en sí misma, una forma de mantener intacto el respaldo político a Zapatero, a diferencia de lo que el presidente ha hecho con otros exdirigentes socialistas, como el exministro José Luis Ábalos, el ex secretario de organización del partido Santos Cerdán y el excargo de La Moncloa Paco Salazar.
El entorno de Zapatero tampoco detecta grietas la relación. Es más, desliza que Pedro Sánchez sigue confiando plenamente en el expresidente tras analizar a conciencia todo el caso de las joyas. La frase encierra un mensaje político muy concreto: en Moncloa no contemplan la investigación como un motivo para tomar distancias con quien ha sido uno de los principales arquitectos del sanchismo durante los últimos años. De hecho, Sánchez está dispuesto a comprometer su imagen política arropando al expresidente.
No deja de resultar significativo que, mientras Pedro Sánchez rompió políticamente con José Luis Ábalos mucho antes de que fuera condenado y terminó apartando a Santos Cerdán cuando la presión judicial se hizo insostenible, con Zapatero haya elegido el camino exactamente contrario. De hecho, le ha dado garantizado el mismo círculo de protección que a su mujer y a su hermano. El presidente no solo mantiene intacta su confianza en el expresidente. También evita cualquier gesto que pueda interpretarse como un repliegue.
Incluso cuando ese gesto consiste, simplemente, en no cerrar la puerta a una reunión que, en otras circunstancias, habría formado parte de la normalidad política del verano y que este año podría convertirse en la fotografía más incómoda de las vacaciones.
Y eso que en el PSOE el golpe de Zapatero ha sido duro. Como ha contado este diario. Las primeras reacciones internas oscilaron entre la estupefacción y la tristeza por la «muerte política» que ha supuesto la causa y, sobre todo, las joyas. «Las portadas de estas semanas le han matado a él y a su figura», resume gráficamente un exministro socialista.
En el PSOE son conscientes de que Zapatero ocupa un lugar singular dentro de la organización, casi de padre espiritual. Es el último expresidente socialista. Es una referencia para buena parte de la militancia. Y es, además, una de las figuras que más activamente se ha implicado en la defensa del Gobierno de Pedro Sánchez durante los últimos años.
El expresidente mantiene su inocencia. Pero la presión no hace más que crecer, porque tras declarar ante el juez de la Audiencia Nacional el pasado 17 de junio, aseguró que en los próximos días iría dando las explicaciones oportunas. Pero nada.
Zapatero comunicó que había presentado voluntariamente una autorización universal para que el tribunal pudiera comprobar que no posee sociedades, cuentas, productos financieros ni ningún otro activo, directo o indirecto, fuera de España. «No tengo absolutamente nada fuera de España», afirmó entonces, antes de pedir a los ciudadanos que confiaran en que la investigación acabaría acreditando su versión de los hechos.
En verdad, hay decisiones que el Gobierno preferiría no tener que tomar. La que ahora tiene sobre la mesa es una de ellas. Después de que el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama ofreciera a la Abogacía del Estado la posibilidad de personarse en la investigación sobre las joyas de José Luis Rodríguez Zapatero, en Moncloa evitan aclarar cuál será la posición del Estado. La decisión tiene una enorme trascendencia política.
La Abogacía del Estado depende orgánicamente del Ministerio de Justicia y, aunque sus actuaciones se rigen por criterios de independencia técnicos y jurídicos, una eventual personación sería interpretada como un reproche institucional del propio Gobierno socialista hacia quien Pedro Sánchez convirtió en uno de sus principales apoyos referentes. En verdad, el silencio del Gobierno responde a un cálculo evidente. Son conscientes de que no existe una salida sin coste. El «caso Zapatero» escaló desde que la policía encontró las joyas de las que no habría dado noticia alguna al fisco. Y que todo apunta que son un regalo de algún país árabe mientras ejerció el cargo de presidente.