Siempre me ha llamado la atención eso que llamamos 'protocolo', es decir, el conjunto de convenciones y reglas, la mayoría no escritas, que dictaminan cómo ha de comportarse uno en tal o cual situación. Hay quien piensa que es una nadería trasnochada y que qué más da que los espárragos se coman con la mano o con cuchillo y tenedor, o si es recomendable o no que una invitada a una boda vista de blanco. Pero los protocolos son más que eso y describen muy bien una determinada sociedad, también un momento histórico. Leonardo da Vinci, en sus Notas de cocina (año 1483), se hacía eco, por ejemplo, de la siguiente regla de etiqueta: «La sangre sobre un mantel, que puede...
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