La estrategia de polarización se ha vuelto tan indisociable de la acción del Gobierno que ha llegado un punto en que necesita hacer mal incluso lo que está bien hecho, como si sus miembros se hubieran vuelto yonquis del enfrentamiento. En los incendios de Madrid, las autoridades autonómicas y nacionales han actuado como se espera de ellas y como merecen los ciudadanos: la comunidad solicitando la declaración de emergencia y el Estado aceptándola de inmediato. Pero al estar por medio Ayuso, el gran fetiche de vudú de la izquierda, la tentación pirómana era demasiado potente para dejarla de lado, y ahí estaba Óscar Puente con la lata de gasolina en la mano. No un portavoz despistado ni un dirigente secundario...
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