La noche del 28 al 29 de junio de 1943, España celebraba una de sus primeras verbenas de San Pedro en paz, después de la guerra, y mi tío Joaquín aprovechó para pedirle matrimonio a tía Lola. Muy lejos, y mucho más joven, en aquella misma noche de verano, el niño Karl, cinco años camino de seis, vio cómo los ingleses bombardearon su ciudad de Colonia y se desmoronaba el edificio donde estaba su piso. Su padre, Georg, tuvo el instinto de huir por una pequeña puerta metálica que daba al jardín y así salvó a su familia de la muerte por aplastamiento. Más de 90 personas perdieron la vida y Karl nunca más ha olvidado la sangre y el...
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