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Películas entre bombardeos: la paradoja de financiar y exhibir cine en Palestina

Abc.es 
El próximo 14 de agosto llega a las salas españolas 'Palestina 36' , un proyecto llamado a convertirse en uno de los eventos cinematográficos del año. Dirigida por Annemarie Jacir, la película retrata la Revuelta Árabe de 1936 a 1939, un levantamiento popular contra el Mandato Británico —establecido tras la desintegración del Imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial— en un contexto convulso, marcado por el incremento de la migración judía impulsada por el movimiento sionista, y acelerada con la persecución nazi en Europa. A pesar de su éxito en el circuito internacional —con ovaciones de hasta 15 minutos en el Festival de Toronto y su entrada en la «shortlist» de los Premios Óscar a Mejor Película Internacional—, el camino hasta las salas ha sido una odisea que aún arrastra secuelas. Apenas una semana antes de arrancar el rodaje en el terreno, los ataques del 7 de octubre de 2023 y la inmediata ofensiva israelí congelaron el proyecto tras más de un año de preparación. «Fue un golpe durísimo. Terminamos reiniciando y deteniendo la producción cuatro veces : Los agentes ya no querían enviar a sus actores a Palestina, y las compañías de seguros ya no querían asegurar equipos ni personas». explica la directora a ABC. Para salvar la producción, el equipo tuvo que trasladar la mayor parte del set a Jordania, aunque Jacir se negó a renunciar a Jerusalén y Jaffa –ciudades claves en la revuelta y en las que habían sufrido una limpieza étnica en 1948– rechazando alternativas en Grecia, Malta o Chipre. «Me puse muy terca con eso». cuenta. 'Palestina 36' se ha convertido en el único largometraje rodado allí desde el inicio de la guerra gracias a una compleja red de coproducción, con más de 40 fuentes de financiación repartidas en siete países , entre ellas la BBC o el Doha Film Institute. Sin embargo, la película sigue enfrentando trabas de distribución y la prohibición directa en Israel, que ya se materializó de forma violenta el pasado mes de enero, cuando la policía irrumpió en una proyección en Jerusalén Oriental y detuvo al proyeccionista. La historia detrás de 'Palestina 36', más allá de la epopeya de su producción no es un caso aislado, sino el reflejo de la realidad de la Franja de Gaza y Cisjordania , que atraviesan el periodo más crudo de su historia reciente, aplastados por una ofensiva militar que suma decenas de miles de muertos, desplazamientos masivos, la destrucción sistemática de infraestructuras vitales y una hambruna que la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU ha calificado como actos de genocidio por parte de Israel. Un escenario de devastación en el que el mero hecho de sostener una cámara o proyectar una imagen se ha convertido en una anomalía. «Hacer cualquier cosa aquí, desde rodar una película hasta ir al hospital, conlleva un gran riesgo», resume Jacir. En este escenario de colapso absoluto, la percepción del cine mismo ha mutado. Despojados de una infraestructura básica, los autores han abandonado —o han transformado— la ficción por un documentalismo de urgencia y resistencia. La cámara ya no es un vehículo para la expresión artística, sino un arma diplomática y propagandística en el sentido más estricto del término. El ejemplo más representativo es el del proyecto 'From Ground Zero', impulsado por el veterano director Rashid Masharawi. Se trata de una obra coral en la que 22 cineastas gazatíes narran su realidad a través de cortometrajes con perspectivas que van desde la animación como refugio para procesar el trauma infantil de los bombardeos, hasta el formato de diario íntimo documentando la agónica búsqueda de agua, pasando por ensayos casi experimentales que buscan un encuadre estético a los escombros y la destrucción total. Esta concepción del cine como acta notarial no se limita a los escombros de Gaza; en Cisjordania, la cámara se ha erigido como el único escudo frente a la anexión territorial. El máximo exponente de esta resistencia es el documental 'No Other Land' . La cinta registra meticulosamente la violenta expansión de los asentamientos y la demolición sistemática de las aldeas de Masafer Yatta, construyendo un relato irrefutable que desafía la narrativa oficial del Estado de Israel y demuestra que el asedio estructural ya operaba mucho antes del 7 de octubre. Sin embargo, el abismo entre el aplauso de la industria y la realidad es atroz. A pesar de hacer historia ganando en la Berlinale y en los Oscar, la película se dio de bruces con la censura comercial: se convirtió en el primer documental oscarizado sin distribución en Estados Unidos. Cuando finalmente llegó una oferta de la plataforma MUBI, los creadores la rechazaron en bloque tras trascender la participación en la empresa de Sequoia Capital, un fondo señalado por su complicidad económica con la ofensiva israelí. Y este boicot institucional palidece ante la violencia sobre el terreno: la casa del codirector Basel Adra fue allanada por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) , además de haber sido agredido en varias ocasiones. Por otra parte, Awdah Hathaleen, uno de los protagonistas, fue asesinado por un colono en julio de 2025. Ante esta vulnerabilidad extrema, aflora una paradoja geopolítica en la industria cinematográfica : su absoluta dependencia de la financiación exterior. A diferencia de Europa o en vecinos regionales como Jordania, Palestina carece de una entidad estatal con presupuesto público, lo que se intenta amortiguar a través de productoras independientes como Philistine Films —fundada por la propia Annemarie Jacir y Ossama Bawardi—, que ejercen de motor y bisagra. Ante la parálisis posterior a octubre de 2023, la propia industria palestina ha tenido que vertebrar estructuras de supervivencia: en mayo de 2025 echó a andar el primer Palestine Film Fund que en su primer ciclo repartió 45.000 euros entre nueve proyectos, con becas de entre 3.000 y 15.000 euros. «Es una iniciativa muy bienvenida, pero no es un fondo estatal. Sin instituciones públicas permanentes, la financiación siempre puede desaparecer», matiza Bawardi. Por su parte, iniciativas de emergencia como 'From Ground Zero' se articularon a través del Masharawi Fund, con alianzas en Dinamarca y Emiratos Árabes, para enviar recursos directos a los cineastas de Gaza. Pero incluso estas estructuras de emergencia nacen ya dependiendo de cruzar fronteras: ni el Palestine Film Fund ni el Masharawi Fund existirían sin el respaldo de fondos regionales —como el Doha Film Institute catarí o el AFAC (Fondo Árabe para las Artes y la Cultura)— y de organismos públicos europeos como el Centro Nacional de Cine francés, el British Film Institute o los fondos escandinavos. «No existen canales de financiación establecidos específicamente para el cine palestino. Para nosotros, la financiación es también una cuestión de relaciones», resume Bawardi. Jacir lo sabe de primera mano, pues al financiar su película 'Al verte' en 2012 solo con fondos árabes, apenas tuvo distribución fuera de Palestina. La implicación internacional no se agota en la ingeniería financiera: la denuncia de lo que ocurre sobre el terreno es también, cada vez más, tarea de cineastas extranjeros. 'La voz de Hind Rajab' , de la realizadora tunecina Kaouther Ben Hania, es el ejemplo más rotundo. La película reconstruye desde el exterior la agónica llamada telefónica entre la Media Luna Roja y una niña de seis años atrapada bajo el fuego militar en Gaza —audio real que la propia cinta integra de forma desgarradora—, transformando la memoria de la infancia masacrada en un alegato de acusación imborrable. El mapa que dibuja el cine palestino reciente es el de una contradicción permanente: obras aclamadas en Berlín, Toronto o en la Academia , pero perseguidas, censuradas o desprovistas de distribución comercial en el momento de exhibirse. El cine palestino nunca ha sido tan visible ni ha dependido tanto de que otros lo financien , lo distribuyan y, cada vez más, lo cuenten. Esa es la paradoja que deja este verano: la cámara se ha convertido en el arma más eficaz contra el silencio, pero sigue sin ser, por sí sola, un escudo.

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